Finalmente, en un tercer sueño de aquella tarde me encontraba en la parte más alta de un edificio, mirando un escenario aparentemente limeño ante mis pies, aunque aquella Lima se asemejaba más al centro de Vienna. De pronto, una suerte de condor gigante aterrizó a mi lado y me alcanzó una carta que llevaba el nombre "xiron" sobre ella. Con un gesto que jamás podré explicar, me hizo entender que la abra, pues encontraría en ella una pista para poder salir de nuevo al mundo real. Así, procedí a leerla, y decía:
Todavía no estoy lista, dijo Samira. Jose Antonio pensó "maldita chola, carajo, encima de todo lo que he invertido en tí" -No te preocupes, te entiendo y sabré esperar-. Jose Antonio y Samira habían empezado a salir tras reencontrarse luego de varios años. De niños, nisiquiera se dirigían la palabra y, de hecho, la cosa había terminado así hasta el día en el que él se mudó al condado de Fiorel, a solo unas cuantas millas del antiguo vecindario. Mi hermana dice que la primera vez duele demasiado, dijo Samira. -No te preocupes, que cuando eso ocurra (y espero que ocurra, carajo, que me tienes como cuy en tómbola), seré el hombre más gentil del mundo contigo (debí largarme a correr tabla hoy, puta madre). ¿Sabes que por eso te quiero? siempre me pareciste tan lindo y tierno, mi tierno.
A esas alturas, a Jose Antonio solo le quedaba sonreir de forma hipócrita, pero qué bien hacía su papel. Siempre engañó a todos con su forma de actuar y de hablar; y es que cualquier persona que lo conocía habría puesto sus manos al fuego para afirmar que se trataba de un buen muchacho; estudioso, de buena familia y, sobre todo, sencillo a pesar de ser uno de los trés herederos de la fortuna Fernandez. Pero el verdadero Jose Antonio era un gran jugador, aunque no en la cancha, casi tan disimulado y calculador como tú con tus problemas.
Bueno Zancudita -así le decía-, creo que me voy yendo porque estoy super cansado. Está bien, tierno, te veo pronto ¿verdad? -Claro que si-. Esa noche, Jose Antonio subió a su deportivo estacionado en la puerta de la casa de Samira, arrancó a toda marcha y nunca más volvió a llamarla. Ella llora todos los días pensando en lo tonta que fue al dejar que, ingénuamente, otro hombre le haga daño.
Yo pensé ¿En dónde carajo voy a encontrar una pista para volver al mundo real?. Leí y releí la carta varias veces, hasta que me di cuenta que mientras leía, con mi mano derecha frotaba un pequeño objeto en mi bolsillo que terminó siendo un llavero que decía Máncora y tenía forma de tabla para correr olas. ¡Bien!, pensé, ¡se trata del llavero!, y me puse a saltar hasta que, por idiota, caí del edificio y, sin llegar al suelo, fui despertado con un beso. Al abrir los ojos, su rostro, tan familiar y extraño a la vez, se alejaba del mío mientras me señalaba el piso con los ojos. Cuando bajé la mirada vi una carta y reconocí la letra; era de mi primo. El mocoso aquel la había dejado caer antes de bajar de mi auto, la noche anterior. Cuando presté atención a lo que decía, me dije a mi mismo: "¿Para Santa Claus?".
Todavía no estoy lista, dijo Samira. Jose Antonio pensó "maldita chola, carajo, encima de todo lo que he invertido en tí" -No te preocupes, te entiendo y sabré esperar-. Jose Antonio y Samira habían empezado a salir tras reencontrarse luego de varios años. De niños, nisiquiera se dirigían la palabra y, de hecho, la cosa había terminado así hasta el día en el que él se mudó al condado de Fiorel, a solo unas cuantas millas del antiguo vecindario. Mi hermana dice que la primera vez duele demasiado, dijo Samira. -No te preocupes, que cuando eso ocurra (y espero que ocurra, carajo, que me tienes como cuy en tómbola), seré el hombre más gentil del mundo contigo (debí largarme a correr tabla hoy, puta madre). ¿Sabes que por eso te quiero? siempre me pareciste tan lindo y tierno, mi tierno.
A esas alturas, a Jose Antonio solo le quedaba sonreir de forma hipócrita, pero qué bien hacía su papel. Siempre engañó a todos con su forma de actuar y de hablar; y es que cualquier persona que lo conocía habría puesto sus manos al fuego para afirmar que se trataba de un buen muchacho; estudioso, de buena familia y, sobre todo, sencillo a pesar de ser uno de los trés herederos de la fortuna Fernandez. Pero el verdadero Jose Antonio era un gran jugador, aunque no en la cancha, casi tan disimulado y calculador como tú con tus problemas.
Bueno Zancudita -así le decía-, creo que me voy yendo porque estoy super cansado. Está bien, tierno, te veo pronto ¿verdad? -Claro que si-. Esa noche, Jose Antonio subió a su deportivo estacionado en la puerta de la casa de Samira, arrancó a toda marcha y nunca más volvió a llamarla. Ella llora todos los días pensando en lo tonta que fue al dejar que, ingénuamente, otro hombre le haga daño.
Yo pensé ¿En dónde carajo voy a encontrar una pista para volver al mundo real?. Leí y releí la carta varias veces, hasta que me di cuenta que mientras leía, con mi mano derecha frotaba un pequeño objeto en mi bolsillo que terminó siendo un llavero que decía Máncora y tenía forma de tabla para correr olas. ¡Bien!, pensé, ¡se trata del llavero!, y me puse a saltar hasta que, por idiota, caí del edificio y, sin llegar al suelo, fui despertado con un beso. Al abrir los ojos, su rostro, tan familiar y extraño a la vez, se alejaba del mío mientras me señalaba el piso con los ojos. Cuando bajé la mirada vi una carta y reconocí la letra; era de mi primo. El mocoso aquel la había dejado caer antes de bajar de mi auto, la noche anterior. Cuando presté atención a lo que decía, me dije a mi mismo: "¿Para Santa Claus?".
1 comentario:
Loquisimoooo como siempre!
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