viernes, 17 de agosto de 2007

Olimpiadas poco limpias

La Riviera guarda secretos, momentos y, a veces, ratones. La Riviera tiene una vista espectacular que se disfruta más con la puesta del sol. Durante las noches de calor, sus casas alumbran aquella pendiente de una manera muy bonita (no hay otra palabra mejor para definirlo: bonita). Algunos días, el agua es muy clara y calmada; algunos otros, blanca y movida. Los vecinos de la Riviera son amables, corteses y cumplidos (bueno, casi todos). Compartimos aquello que nos llevó a elegir un lugar tranquilo, lo suficientemente grande para cumplir su función, lo suficientemente pequeño para no entrar en la ridiculez exagerada de la pituquería y, lamentablemente, lo suficientemente débil para caer ante lo inesperado. Hoy, gran parte de la Riviera está destruída. La concha de su madre.


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