domingo, 19 de agosto de 2007

Alcohol Isopropílico con Caribe

Durante un tiempo y hace un tiempo trabajé en la nieve, en un pequeño pueblo relativamente cerca a la frontera entre Nuevo Mexico y Colorado. Empecé donde se pudo, como un lift operator para un sky resort. Con el tiempo pasé a la simpática posición de crew leader y, eventualmente, al jugozo puesto como uno de los backup supervisors del departamento. El trabajo era muy bueno, debo admitir; ganaba bien, me la pasaba haciendo snowboarding todo el día con el pretexto de supervisar la seguridad de los distintos trails de la montaña (bueno, del backside, en realidad) y cuando me cansaba de la tabla -porque nunca me aburría de ella- andaba en un snowmobile. Muchas veces pretendía ser McGiver o algún par similar cuando ocurría algo de acción en el día; algun herido en medio del camino, algún camino que debía ser cerrado, alguna evacuación o, tal vez (en realidad eso más que nada), alguna gorda que caía antes de subir a la silla. Tuve mis oportunidades de jugar a ser Tarzán (o tal vez koala), utilizando mi cuerpo como contra peso ante una inminente -y no más- caída de algún imbécil que no se sentaba bien mientras el andanivel empezaba a subir, soltándome a una altura de tres o cuatro metros para caer como rescatista en medio de la nieve. Bienvenidos los aplausos de quienes venían en la siguiente silla.

Tenía nombre y apellido en la radio: 775 Pappo o el -en algunos casos- "go ahead for 777". Entre lifties no hablábamos de accidentes, sino de 10-45s; no hablábamos de alguien que se había acobardado de bajar esquiando y necesitaba que lo bajen en snowmobile, sino de 10-14s. No decíamos "está bien" o "te entendí", mas utilizábamos una palabra que hasta el día de hoy suelto de cuando en cuando: 10-4. Y así, me aprendí muchos de los diez-algo (porque eran demasiados para saberlos todos) y disfrutaba de esos días.

En noches de luna llena venía la diversión casi máxima. Nadie decía nada pero algunos sabíamos que nos encontraríamos en un lugar específico de la montaña. Entre Lift Operators, Snowboard Instructors, Terrain Park Maintenance Crew y uno que otro infiltrado, llegábamos a la cima de la montaña con el corazón en la boca y emprendíamos la bajada hacia la parte de atrás a toda velocidad. Era una especie de juego en el que quien perdía era arrestado, ya que a los pocos minutos de empezar la bajada -siempre- aparecían los Sky Patrols en sus poderosos snowmobiles para perseguirnos; ahí primaba la habilidad para salir del camino y aventurar el esquivo de árboles en medio de la noche. Cada vez caía alguno o más y, por suerte, nunca fui uno de ellos. Mi pequeña Volcom corría a gran velocidad cuando estaba recién encerada. Nunca me atraparon aunque una vez me saqué la mierda entre los árboles y me callé, como hombrecito, el grito que quería soltar -como loca- por el dolor, ya que los "temibles" sky patrols rondaban en busca de bajas mientras yo mordía uno de mis guantes y tenía la cara muy patriota (roja de dolor y blanca por la nieve).

Al final del trail aguardaban dos o tres pick ups listas para partir y, si alguien llegaba suficientemente tarde como para poner en riesgo la seguridad de la divertida operación, pues se las arreglaba solo para no ser encontrado, porque los carros partían a velocidad. Y es que una vez tiré mi tabla a la tolva de uno en marcha y no me quedó otra que lanzarme detrás de un montículo de nieve y aguardar ahí un par de horas hasta poder salir sin que me vean (era la voz llevar cigarrillos para esas veces). Finalmente llegaba la hora del punto de encuentro en la casa de alguien, con alcohol y marihuana (algunos bajaban ya bastante cargados y los lift operators teníamos una fama de drogos totales), contando entre todos cómo fue el momento en el que casi te agarran, que fulano quedó atrás y a mengana la agarraron y no se sabía nada de él o ella. Buenos días, para qué.

1 comentario:

Luis Iparraguirre dijo...

Bueno, yo viví en Japón un tiempo y, aunque también hubo marihuana por allí, mi trabajo no era tan chévere, al parecer, como el tuyo. Buenos días, para qué. Grande!