Hoy es la noche de año nuevo y mucha gente se dispone a hacer promesas tontas que, muy probablemente, abandonen a las pocas horas pasada la media noche. ¿Quién no ha dicho que va a dejar de fumar, de tomar demasiado, de comer demasiado, de fornicar, entre unos cuantos etcéteras que van desde lo común hasta lo radical? ¿Quién no ha contado sus uvitas –a parte del Pappo, que no cree en esas maricadas- deseando dinero, viaje, trabajo y demás que, al parecer, esperan que caigan del cielo? Algunos hasta se meten debajo de la mesa y, otros tantos, salen a dar una vuelta por la calle cargando maletas.
Calzón amarillo para las chicas. Yo respeto la costumbre de los demás y no me avergüenzo porque mi hermana y mi prima hayan salido con sus valijas por la riviera y creo que hasta la orilla del mar, ni que mi madre haya comido sus doce uvas, ni que mi novia le haya seguido el paso. Pero la risa es gratis y la emoción es contagiosa. Me gusta pensar, a modo de ilusión, que el uno de enero es un día perfecto para trazarse nuevas metas, para cambiar y para reorganizar mi vida que a veces veo tan desordenada como mi oficina. Sin embargo, para mí la cosa funciona como en los suicidas; cuando un suicida en realidad se quiere matar lo hace de un momento a otro, sin circo, sin más ni más; mientras que los de la pose son quienes se paran en el filo de la terraza y gritan “me voy a matar” durante varios minutos, hasta que llegan los vecinos, las cámaras de televisión y los bomberos que lo sacan de esa situación.
No creo en “el lunes empiezo dieta”, ni “en Junio empiezo a trabajar”. A propósito, las cosas, entre ellas las mejores (al menos del día, de la semana o del mes), ocurren cuando uno menos se lo espera y por una serie de acontecimientos que haces o dejas de hacer en algún momento del tiempo, como lo ilustrara Erre con el ejemplo de la chica aquella del bar que escondía una chata y un cañón en la cartera.
De cualquier modo, mi punto es que no es necesario esperar hasta el treinta y uno de diciembre para decidir hacer algo o no, digamos, relativamente importante; qué importa si es martes y no lunes, domingo y no lunes, el veintisiete y no el uno, mayo y no diciembre. Ojo, tampoco es que todos los días –o cada cierto tiempo- vayamos a estar diciendo “ahora si tal huevada”, sin realmente tomar acciones, como es costumbre en el Pechán.
Hoy es noche de año nuevo para quien quiera que lo sea.
Ps: ¿Alguien sabe donde publica el Che? Antes lo hacía en limateens.com pero creo que ya no.
Calzón amarillo para las chicas. Yo respeto la costumbre de los demás y no me avergüenzo porque mi hermana y mi prima hayan salido con sus valijas por la riviera y creo que hasta la orilla del mar, ni que mi madre haya comido sus doce uvas, ni que mi novia le haya seguido el paso. Pero la risa es gratis y la emoción es contagiosa. Me gusta pensar, a modo de ilusión, que el uno de enero es un día perfecto para trazarse nuevas metas, para cambiar y para reorganizar mi vida que a veces veo tan desordenada como mi oficina. Sin embargo, para mí la cosa funciona como en los suicidas; cuando un suicida en realidad se quiere matar lo hace de un momento a otro, sin circo, sin más ni más; mientras que los de la pose son quienes se paran en el filo de la terraza y gritan “me voy a matar” durante varios minutos, hasta que llegan los vecinos, las cámaras de televisión y los bomberos que lo sacan de esa situación.
No creo en “el lunes empiezo dieta”, ni “en Junio empiezo a trabajar”. A propósito, las cosas, entre ellas las mejores (al menos del día, de la semana o del mes), ocurren cuando uno menos se lo espera y por una serie de acontecimientos que haces o dejas de hacer en algún momento del tiempo, como lo ilustrara Erre con el ejemplo de la chica aquella del bar que escondía una chata y un cañón en la cartera.
De cualquier modo, mi punto es que no es necesario esperar hasta el treinta y uno de diciembre para decidir hacer algo o no, digamos, relativamente importante; qué importa si es martes y no lunes, domingo y no lunes, el veintisiete y no el uno, mayo y no diciembre. Ojo, tampoco es que todos los días –o cada cierto tiempo- vayamos a estar diciendo “ahora si tal huevada”, sin realmente tomar acciones, como es costumbre en el Pechán.
Hoy es noche de año nuevo para quien quiera que lo sea.
Ps: ¿Alguien sabe donde publica el Che? Antes lo hacía en limateens.com pero creo que ya no.
Foto: Área de fumadores en la agencia de Sebastián

2 comentarios:
Jaja, lo mejor es que de la nada, te atropeyen una ola de acontecimientos -claro, buenos y/o productivos- para salir de la misma monotonia de mierda casa-universidad-casa-chamba-casa...
sí, buen pappo, cualquier día se puede cambiar de canal.
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