lunes, 28 de mayo de 2007

La nueva raza dominante: ¿que viva el Perú?

Yo la llamo “ve-doble”, mi hermana le dice “doble-ve” y algunos le dicen “doble u” (¿el sobreviviente?). La verdad es que nunca supe bien cuál es su verdadero nombre y temo haber caído en la mala costumbre de llamarla de forma equivocada. Después de todo, soy de los que solían decirle “ye” a la Y griega, y recuerdo cómo mis compañeros de clase, tanto en el colegio como en las dulces sesiones de Rosita, se burlaban de mis “Equis-Ye”.

El caso es que la W no tiene nada que ver con lo que escribiré a continuación. Me preocupa el efecto adictivo que ha creado en mi el Pringles de crema y cebolla. Lo probé ayer, no sé si por primera vez, pero definitivamente no por última. Hoy me venció la flojera de mover los carros para poder salir de mi garaje, mas no la flojera por caminar hasta encontrar una de esas latitas verdes y maravillosas. Busqué y busqué y ya me sentía como un ludópata que apuesta su carro en la mesa mientras deja sus llaves sobre ella (esa escena debe ser bastante triste). Yo no dejaba llaves pero dejaba varias tiendas atrás y seguía caminando, terminando por decidír no parar hasta la estación de gasolina más cercana; allí de hecho tienen, pensé.

Ese grifo lo atinaba en tres minutos; en carro, claro. Pero qué diferencia es caminar hasta allá, o será que la ansiedad de conseguir al bigotón dibujado me hizo sentir un camino muy largo y pesado. De pronto estaba entre calles que, por un momento, pensé no conocer, y es que realmente la perspectiva cambia cuando pasas de un Mitsubishi a un Dodge.

Finalmente llegué a mi destino y corrí un gran susto al no encontrar mis Pringles de crema y cebolla, pero cuando le pregunté al cajero si los tenía me señaló con el dedo un rincón en el estante que había pasado por desapercibido. Ahí estaban, pero coño, tenía los bolsillos vacíos. Grité y desperté, y como me dio flojera mover los carros para poder salir de mi garaje, decidí caminar hasta encontrar mi lata de Pringles de crema y cebolla. Esta vez fui con dinero suficiente para comprar la lata, pero no para regresar en un taxi. ¿Coño? Nuh, felizmente me encontré con un amigo que tenía un ride.

1 comentario:

Erre dijo...

uy. Eso pasa con los combos de pizza, con las chin chin crocantes y, definitivamente, con los montana. (no hablaré de drogas esta vez, lo juro)