miércoles, 25 de abril de 2007

Cuánto le vale, cuánto le cuesta: La muerte del reggaeton

Leyendo sobre esto y lo otro, aunque más sobre lo otro, me acordé de la época en que los cybernovios se pusieron de moda por estos lares, dentro de un contexto que no quiero explicar de nuevo (por suerte está este link). Entonces me percaté de dos cosas; yo fui absorbido por esa moda y participé de ella en más de una ocasión. Sin embargo, para mi, la cosa fue seria (que patético me suena ahora) solamente la primera vez. Eso sí, no fui de la generación de chateros limeños altos, de ojos claros y corpulentos que desapareció misteriosamente con el tiempo.

Debo admitir que mi interacción en internet durante los primeros años de su llegada al Perú fomentó mi gran potencial de secretaria para escribir a esta velocidad. De cualquier modo, recuerdo que mientras chateaba un día y soltaba la clásica pregunta inicial sobre locación ("hola, de donde eres?") a todas las -supuestas- damas del chat, me crucé con una chica con la que tuve una conversación tan amena como corta, que concluyó en la entrega final de las respectivas direcciones de correo electrónico.

Con el tiempo y la confianza, me di cuenta que el intercambio de e-mails con esta chica era sumamente grande. No solo nos escribíamos todos los días (hice sufrir a mis padres con las cuentas telefónicas de entonces), sino que, además, cada correo era larguísimo. Por primera vez conocía a fondo a alguien "del chat" y alguien "del chat" me conocía a fondo. Su nombre era Alejandra Manrique y, lo que más recuerdo de ella, es que tocaba bastante bien el piano -bueno, eso decía, al menos-. Posteriormente vino el coqueteo tan fresco que solo puede (podía) darse mientras uno se esconde (escondía) al otro lado del hilo. Finalmente me atreví a declararle mi iluso amor, cuando entendí la indirecta que me mandaba al contarme que otro patán quería ser su cybernovio, pero que ella quería ser la cybernovia de alguien más (qué ocurrencia, yo).

Luego todo fue bonito y el intercambio de correos venía firmado y sellado con palabras como "mi amor", "preciosa", "amorcito", y otras wacaladas (no por el significado de esas palabras, sino por el contexto. Quiero decir, qué ridículo oye compadre, en serio que palta contigo para contar estas cosas de tu adolescencia). Y así pasaron unos meses hasta su misterioso final. Ella era colombiana y recuerdo que me contó que vivía en la zona cafetera. También recuerdo que un día vi en las noticias que un terremoto de gran magnitud había ocurrido en la zona cafetera (ahí mismo donde "alejamanrique" vivía). Finalmente recuerdo que nunca más me escribió un correo pasado ese día.

3 comentarios:

Unknown dijo...

lo siento por tu novia

Unknown dijo...

un día recordaremos "se acuerdan la epoca en que todos bloggeabamos?"

puuuuucha

Erre dijo...

yo escribía poemas de becker diciendo que eran mías. Igual nunca me hicieron caso. Al final siempre terminaba en lo mismo en el chat: insultando a los chilenos. Una lástima,,, con el tiempo se vengaron de mí, directamente.