A pesar que me gusta mucho volar en avión, he tenido varias experiencias desagradables en el aire y, como si fuera poco, me doy cuenta que mientras uno más sabe sobre procedimientos aéreos (especialmente sobre despegue y aterrizaje), mayor es la preocupación de que todo salga bien. No puedo decir que no temo viajar en avión; todos lo hacemos, solo que unos son patéticos (me contaron una vez que alguien por ahí se bajó de un avión -viaje de promoción- porque soñó que la nave se caía) y otros tenemos el mismo miedo latente que cuando viajamos en combi. "Eso no es miedo oe, eso es preocupación"; llamémoslo como fuere. Nadie se libra de... la incertidumbre.
Yo cuento mis vuelos desde hace años y, aunque con un margen de error de +/- cinco, espero llegar con vida al número cien. No faltan muchos pero he visto demasiados capítulos de catástrofes aéreas como para decir tarea cumplida. De hecho, debo admitir que he llegado a pensar, en un par de ocasiones, que terminaría mi "just ok" vida en algún avión. Repasemos, Pappo, unas perlitas.
Perlita Nro. 1. Margarita - Carcas: Mi vuelo de Aeropostal se había retrasado por fallas técnicas y logramos despegar después de dos o tres horas. Dicen que esos previos amoldan tu cerebro a pensar cojudeces y este caso fue la excepción. En medio del vuelo algo empezó a oler a quemado y estaba seguro que no era la comida. Sentía muy pesado el avión y ni siquiera sé como podría explicar lo que acabo de decir; sólo sé que yo lo sentía pesado (es momento de hacer un chiste cruel sobre mi gordura) y no me iba a quitar esa idea de la cabeza. Al aterrizar en Caracas (previo padre-nuestro) el caballero sentado al otro lado del pasillo me dijo algo como "tú también olías eso, ¿verdad?". Sé que algo estuvo mal en ese vuelo y lo corroboré al ver las ambulancias y carros de bombero rodeando al avión cuando bajé. -"Señorita ¿por qué hay bomberos afuera?"-, -"son procedimientos"- Estúpida, ¿por qué no fue franca conmigo y me dijo algo como "porque pensabamos que nos ibamos a matar"? Seguro creyó que no la ví contando a todos los pasajeros de una manera muy disimulada durante el vuelo -fue justo antes que me imaginara al piloto decirle a la torre que llevaba ciento cincuenta almas abordo-.
La diferencia de ese vuelo con uno que tuve en Aerocontinente fue que en vez de bomberos habían policías; sabían que el avión transportaba cocaina - ¡y veníamos de colombia!-.
Perlita Nro. 2. Lima - Santiago: Un vuelo de tres horas y pico es normal para llegar a Santiago. El mío duró casi cinco horas y es que en realidad sí llegamos a Santiago en el tiempo normal, solo que el avión estuvo dando varias vueltas en el aire antes de aterrizar porque al señor tren de aterrizaje izquierdo no le dio la gana de bajar cuando apretaron el botoncito aquel, así que utilizaron la simpleza de la ley de gravedad para cuadrarlo y hacerlo bajar a la fuerza. Felizmente todavía no sabía nada o casi nada de aviones, y me vine a enterar del incidente gracias a mi hermana ya unos años después.
Perlita Nro. 3. Santa Marta - Lima: Solo a mi padre se lo ocurrió llevarnos a vacacionar en plena época de guerra entre Perú y Ecuador. Recuerdo que estabamos sentados durante una hora en el avión y nos preguntábamos por qué diablos no despegabamos. De pronto el piloto hizo el anuncio; nuestros amigos de Ecuador no querían darnos permiso para pasar por cielo ecuatoriano a pesar que el avión era un charter, es decir, un vuelo alquilado por todos los pasajeros de ese avión (no existía, todavía, la ruta directa de Santa Marta a Lima y, al parecer, ese día tampoco existió). De pronto otro anuncio: "Tenemos permiso de Ecuador y estamos por despegar"; ¡mentira!, el avión empezó a tomar la velocidad respectiva para el despegue y de pronto bajó la velocidad de nuevo; otra vez parados: "Damas y caballeros, lamentamos informarles que nos acaban de negar nuevamente el permiso para volar por cielo ecuatoriano". Coño, pensé (en realidad pensé "puta madre"), otro rato más y un nuevo anuncio que, como es de suponer, nos decía que finalmente teníamos permiso para... eso. Por fin despegamos y, tras unos diez minutos en el aire, nuestro locutor, digo, piloto, nos indicaba tristemente que teníamos que aterrizar de emergencia en Barranquilla porque nuestros vecinos del norte volvieron a herir nuestros sentimientos con su jodiendo permiso negado.
En Barranquilla me quedo, sonó por ahí en la voz de un payaso que, obviamente, no tenía mucha prisa en regresar a Lima. No sé cuanto tiempo pasamos en Barranquilla antes del despegue -previo anuncio del gran "sí" ecuatoriano-. Creí que el desagradable episodio había terminado y estaba un poco lejos de hacerlo. Todo parecía ir "bacán"; volabamos tranquilos e insultando dentro de nuestros corazones a nuestros enemigos de guerra. Cuando el tiempo nos decía que ya estabamos pasando por el famosísimo cielo ecuatoriano ocurrió algo que me puso la cara más blanca que ropa lavada en el desafío de la blancura Ace; el avión dio un giro brusco hacia la derecha mientras el piloto nos informaba que teníamos ordenes (literalmente: ordenes) de abandonar cielo ecuatoriano pues el permiso de vuelo por la zona había sido restringido nuevamente. A juzgar por el giro y la voz del piloto, me imagino que lo que le dijeron en la radio fue algo como "o sacas tu avioncito de mi espacio aéreo o te mandamos un cohete para que ilumines el cielo". Esta vez fueron muchos padre-nuestros porque no paré hasta llegar a Lima. El susto fue tal que incluso practiqué esa costumbre tan odiada por mí de aplaudir cuando el avión aterriza en su destino final.
Tengo más perlitas pero no me gustan las entradas tan largas.
3 comentarios:
yo tb quiero pelear con almohadas! me pongo pijama?
quien dijo que las chicas llevaban algo puesto?
jajaja, una vez hace mucho, cuando tenía nueve años, mi papá trabajaba en cusco, así q en mis vacaciones de medio año viajé para allá, mi mamá me embarcó y mi viejo me recogía en la ciudad imperial... la cosa es q en pleno vuelo el avion se malogró (¡!) un motor se apagó y el avión tuvo q regresar.... fueron minutos de mucha alarma, fue bien jodido: gringos llorando y tias rezando... yo me cagaba de risa... y bueno, no jugué a las peleas de almohadas con nadie, pero la anecdota vale. Un abrazo!
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