martes, 3 de abril de 2007

Un apasionante fin de semana con Marilu


Advertencia: Los dos últimos párrafos de la siguiente entrada contienen ideas, expresiones y palabras que pueden afectar la suceptibilidad de algunos lectores. Las opiniones vertidas en este espacio no están necesariamente de acuerdo con tus principios, los de tu papi o los de tu mami.

Quizá muy poca gente de Lima sepa que, irónicamente, el último terremoto en esta ciudad no fue el de 1974, sino el del 18 de abril de 1993. Así es, tú haz vivido un terremoto en esta ciudad y probablemente ni estabas enterado o enterada. Yo, por mi parte, recuerdo el día, el momento preciso en el que ocurrió, el sueño que estaba teniendo cuando empezó y el susto que acompañó el movimiento de las ventanas que pude notar al despertar. Esa imagen ha quedado en mi mente como una de esas memorias de las que alguna vez hablé.

Todo ese recuerdo a raiz del último temblor que sentí hace un par de días mientras dormía placenteramente frente al mar (por cierto, detesto cuando la gente dice -o piensa- "todo para decir..."). Y es que la curiosidad me llevó a buscar terremotos en internet y, esta vez, sin usar el youtube. Entre las noticias pude distinguir por lo menos cuatro sismos que tomaron lugar en las últimas cuarenta y ocho horas. ¿Indicio? no soy supersticioso, pero, en fin.

Creo que lo peor que podría pasar en un terremoto (aquí es cuando empiezas a pensar ¿qué haría si empieza un terremoto?) o, mejor dicho, lo que puede responder a la clásica pregunta "¿qué puede ser peor?" serían las circunstancias en las que te encuentras cuando este empieza.

1. Entras a la ducha por tu baño con agua tibia (Dicho sea de paso, mi terma parece estar jodida y Marcelino aún no aparece con la pieza que necesita ser remplazada) y en medio del canto y la enjabonada empieza a temblar todo. Me ha pasado y, afortunadamente, no fue más que un pequeño temblor en ese par de oportunidades, por lo que decidí hacer algo que probablemente me habría costado la vida si se hubiera tratado del inicio de un terremoto; seguir cantando, seguir enjabonando -el factor tiempo es clave en medio de un terremoto-.

2. Estás haciendo el amor. Imagínate estar en medio del ritual sexual con tu "pareja" (no me gusta usar esa palabra pero generaliza muy bien en este punto). En la cama, desnudos y empieza un terremoto. Imagina ahora qué podría ser peor; yo te digo: Estás teniendo un orgasmo. ¿Peor? Estás en la casa de alguien (tus viejos, sus viejos, el amigo, la prima, etc) y ese alguien no sabe que están practicando "harto maleo" en el cuarto. ¿Peor? están en un cuarto de hotel en el quinto piso. ¿Masoquista? No es tu pareja, es tu trampa, y cuando sales corriendo del cuarto (posiblemente calato, pues) encuentras gente conocida en las mismas (aunque ya eso sería demasiado "piña"). Si no te habías puesto a pensar en la posibilidad de ser alcanzado por un terremoto en medio del coito este es el momento apropiado para hacerlo (yo ya me lo imaginé varias veces y es realmente preocupante).

3. Estás haciendo pufito. Odiaría ser interrumpido de una manera tan espantosa mientras hago una de tres cosas más ricas en la vida; pero seamos pesimistas. Supon que estás haciendo el número dos en el baño y, para colmo de males, te encuentras un poco "detenido en el proceso" porque, al parecer, comiste aquello que te pone más "firme" y te cuesta un poco expulsar parte del lado oscuro de tu alma. De pronto empieza el terremoto y tú tienes la mala costumbre de desnudarte (o parcialmente desnudarte; lo que incluye quitarte el polo o subírtelo) mientras generas basura para el mundo.

Diablos, esos tres casos tienen mucho de vergüenza, o de miedo, o de miedo de vergüenza; si los combinas puedes obtener un espantoso episodio de flatulencias con carga mientras haces el amor en la ducha justo antes de que empiece un terremoto.

Acabo de ver el video ese en el que el pillo de la Av. México escapa de la policía tras pedir refuerzos (ojo, el pillo pidio refuerzos, no la policía); que linda es la amistad.

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