Sentado sobre mi silla de tres patas (es cuestión de balancear el cuerpo un poquito hacia atrás) y, viendo mi conexión de speedy fallar una vez más, me acordé de cómo conocí esta porquería tan trecnológica llamada "Internet".
Allá por 1996, en un día de aburrimiento tiladol (el puente entre infantil y adolescente), mi hermana me llevó a The La Rotoundah; un pequeño centro comercial cerca a mi casa que lucha, hasta el día de hoy, por convertirse en una especie de point pujante (aparentemente, con éxito solo entre los vagos de la USIL). Mi hermana me había hablado mucho de ese fascinante mundo de la Internet y quería que yo lo conozca. Asi, fuimos a lo que sería mi primer encuentro con La Tía Pirata; su loro en el hombro y su hijo mulato con un acento de pituco exagerado que sólo sonó real cuando una vez me hizo todo un lío por haber botado su teclado al suelo -"Sabes cuánto cuesta este teclado, cuñado?"-
Esa primera vez, como la soñada primera vez de cualquier chica con respecto al sexo, fue apasionante. Descubrí el LatinMail y hasta me creé una cuenta de correo que nunca más volví a usar. Entré al LatinChat que, por aquel entonces, solo contaba con el área roja de cuatro canales (hoy cuenta con nueve áreas y casi setenta canales). Navegué por el ya casi olvidado yahoo.com y, según yo, era bacán porque "ya había empezado a usar internet". Sin embargo, en el colegio nadie me paraba bola sobre el tema y cuando hablaba de internet la gente pensaba que se trataba de alguno de los (en ese entonces, poquitos) huecos de Barranco, de una ciudad o de algún burdel caleta (por esos días, ya había una delegación de seis de mis compañeros que hablaban de sexo y burdeles, y que pronto harían su primer viaje donde la tía Giuliana).
De pronto, la ciudad se llenó de Cabinas que ocuparon un punto importante en el estilo de vida de varios limeños, neolimeños y, eventualmente, ni tan limeños; y nació el morbo cybernético y la felicidad de para quienes encontramos pornografía placentera para adolescentes a nuestro alcance, así como las largas horas chateras de quienes coqueteaban y seducían a través del teclado. Los cybernovios y pendejada y media apareció poquito después y fue desapareciendo conforme se fue siendo conciente de que quien estaba detrás del hilo telefónico (no existía cablenet ni tanta maricada) podría ser tu hermana, tu prima gorda y horrible o un Jackson morboso, pues los apodos como "princesita", "estrellita" y "conejita feliz" podrían, así de simple, ser usados por cualquier enfermo.
En algún momento, todos los chateros de Lima eran modelos de 1.80 mt., rubios, de ojos azules y con buen cuerpo; mientras que las chateras eran supuestamente parecidas a actrices y cantantes bonitas. Me pregunto qué habría pasado con esa generación de internautas. Y llegó Yahoo en Español y admito que fue un momento feliz para mí. Todo eso antes de la aparición del messenger y de esa otra página de la cual prometí no hablar en un buen tiempo.
El tiradito de hoy con Minerva estuvo bueno.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario