aburrido de "El Patriota", no se me ocurrió mejor idea que poner la película "No se lo digas a nadie" en mi DVD player. Nunca había visto los primeros treinta minutos; realmente el chiquillo Joaquín era un mariposón total -nada en contra de lo gays, por supuesto; saludos a mi brother Yisus (Yisus says: No way!!)-. Eso, junto a la foto ampay de la entrada anterior, me hizo pensar en una antigua costumbre limeña que no sé cuántos padres de hoy en día lo practiquen.
Me contaba mi padre hace ya varios años que, antiguamente, cuando el hijo cumplía quince o diez y seis años, el papá lo llevaba a "debutar" donde una Julita de confianza. Claro que nowadays es bien difícil llegar a los quince siendo purito (o purita, de igual modo, y que no me salte ninguna feminista). Creo que la cosa era que, como padres, resultaba un alivio saber cuanto antes que al muchachito de la casa no le gustaran los hombres. También creo que lo que perdura de esa costumbre hasta hoy -de hecho- es el orgullo de los adolescentes haber empezado antes que otros su vida sexual. Se vuelven bacanes en el colegio contando que ya la hicieron y, ya en épocas de universidad, les resulta hasta vergonzoso contar si todavía siguen pita, piticlín, pitágoras, pitufito, etc.
Creo otra cosa más ("qué creído este compare"); en el fondo, cuando un hijo es jugador, el contraste de la opinión de la mamá, que le dice que se acuerde que tiene una hermana o que no se ande jugando con las chicas, es el silencio del papá en el asunto. No sé si será orgullo paterno pensar que "mi hijo es todo un pendejo", pero si me preguntaran a mí, diría que sí me gusta la idea que mi hijo se vacile un buen tiempo durante su juventud antes de asentar cabeza; esta vez si se trata de machismo, porque admito que tengo algo de machista -no como mi papá, y mucho menos como su papá (Coché Q.E.P.D.)-, solo algo, pero machista al fin y al cabo (ahora me cae el karma en el que no creo y me salen tres hijas mujeres).
No puedo evitar reirme en la mejor escena de la película esta; el diálogo revelador entre Joaquín y su papá en la sala:
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Papá: ¿Quieres un consejo, hijo? ¿De hombre a hombre?
Joaquín: Soy homosexual, papá.
Papá: (...) Un hijo maricón, puta mare, hubiera preferido un mongolito, carajo.
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