martes, 17 de abril de 2007

Yo salí en la televisión

Estabamos solos en la oficina cuando ella me preguntó: "¿Por qué siempre nos mandan a nosotros dos a quedarnos hasta tarde haciendo este tipo de chambas? ya estoy harta". Yo solo la miré y sonreí de una manera en la que trataba de demostrar que, en realidad, no me interesaba un bledo escuchar sus estúpidas palabras, y mucho menos en un momento en el que solo quería terminar el jodiendo boceto e irme a casa a dormir. De pronto y -debo admitir que jamás la vi venir-, con un movimiento que parecía haber sido ensayado tantas veces como fueran necesarias, se arrojó sobre mí hasta quedar cara a cara a menos distancia de la que hay a lo largo de tu dedo pulgar. Yo tenía escapatoria pero decidí pensar que no la tenía; después de todo -pensé- había sido un día de mierda y algo de acción no le caería mal a mi aburrida noche. "¿Qué pretendes hacer?"- le dije. "Darte algo de lo que puedas escribir en tu blog" - me respondió. Enseguida sacó un cigarrillo de la cajetilla de marlboro rojo que Sebastián había olvidado sobre su escritorio; lo encendió y me lanzó el humo en toda la cara. "Estás loca", le dije, mientras me daba cuenta que era un error llegar más lejos con una colega.
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El idiota ese; no puedo creer que se haya atrevido. Yo ya quería largarme de la oficina y estaba rezando para que no me venga con su cuento de "vamos a dar una vuelta por ahí" después de terminar. En realidad no quería ni dirigirle la palabra porque sé que basta con que le diga "hola" y ya alucina pensando que una quiere irse a la cama con él. Recuerdo que ese día nos habían encargado un último boceto a cada uno y ya era tarde; no quedaba nadie más que nosotros en la oficina y yo me cagaba por un cigarrillo. Como sabía que él había guardado los Marlboro de Sebastián no me quedó otra que pedírselos. Pero no soy tan fresca, pues; tenía que romper el hielo y decidí lanzar un comentario al aire quejándome del trabajo: grave error. El muy patán me dio esa sonrisa estúpida de siempre y puso su supuesta voz de galán -"Es que yo pedí que nos dejen solos porque así podemos pasarla bien tú y yo"- Okay, el tipo estaba siendo un payaso de nuevo y como quería ese cigarrillo no me quedó otra que seguir la conversación con un fingido "ja". Cuando le pedí que me invitara un pucho me dijo, en un tono patanazo, algo como: "Sólo si me das una historia que contar en mi blog". O sea, según él, estaba siendo todo un conquistador (de micro), pero me llegó altamente; así que le dije: "¿Sabes qué? no tengo que pedirte permiso para agarrar un cigarrillo". Así que en un movimiento super rápido (porque soy bastante rápida cuando quiero serlo) le saqué la cajetilla del bolsillo, cojí un cigarrillo y tiré la cajetilla sobre el escritorio de Sebas. Apenas lo prendí y le tiré todo el humo en la cara para que no joda más, y el muy tarado me llamó loca.
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Me estaba comiendo un chifa de media noche, como todos los miércoles, cuando Thalía me llamó al celular y me pidió que pase por su casa, si podía, después de mi clásico chifa nocturo (qué bien me conoce esa chica). Obviamente, yo sabía que si iba era para quedarme a dormir y no la pensé dos veces. Después de todo, quería que se repita lo de la semana anterior, así que terminé ese arroz chaufa con prisa y emprendí camino al departamento de Thalía. De pronto me di cuenta que algo andaba mal; había dejado mis cigarrillos en la oficina y mi cajetilla estaba casi llena -recordé-. Ni hablar; tenía que pasar a recogerlos y, como la oficina estaba camino al depa de Thaly, no le veía mayor inconveniente. Cuando llegué a la oficina, subi despacio para no interrumpir el sueño del portero del edificio (total, yo tengo la llave y el señor no tiene nada que cuidar, en realidad: hay que dejarlo dormir un ratito, pues). La sorpresa que me llevé, cuando entré sigiloso y vi a esos dos en pleno exorcismo sexual. Como no se percataron de mí, me olvidé de la idea de recoger los cigarrillos a cambio de pasar unos minutitos de placer fisgonero (debo admitir que soy débil ante el Voyeurismo).
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Acababa de hacer una ronda por todo el edificio y, cuando pasé por el departamento de arte, me di cuenta que las cosas estaban acaloradas entre esos dos que siempre se quedan a trabajar hasta tarde. Pero como no soy un pervertido dejé que los muchachos vivieran su momento y bajé a la portería de nuevo, no quería interrumpirlos. Al ratito vi como se estacionaba el carro del joven Figueroa en la puerta y me hice el dormido para no tener que aguantar sus preguntas de siempre; igual no me cae muy bien y no sé que hacía por ahí a esa hora. Recuerdo que subió para la oficina y no bajó como en veinte minutos, basante apurado diría yo, porque subió a su carro y arrancó haciendo sonar las llanas.
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Hace dos días llamé a Sebastián de nuevo, y de nuevo hicimos el amor. Me siento tan avergonzada, pensará que soy una fácil y que lo llamo solo para esas cosas. Todavía no me lo he cruzado en la oficina pero seguro que todo va a ser igual: se hará el desentendido (como la semana pasada) y yo no podré ni acercarme a hablar porque solo se me va la timidez con el vino; ese maldito vino que hace que lo llame y me deschave. En fin, ojalá que cambie y deje de hacerse el chico duro conmigo, y que vea en mi algo más que un objeto sexual. ¿de quién será esta cajetilla de Marlboro que apareció ayer en mi cajón?.
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Estaba viendo mi correo cuando se me ocurrió escribir una nueva entrada en mi blog. Pensé en hacer una especie de historia desde distintos ángulos. Algo así como ese capítulo de los simpson, el problema es que ya avancé como cinco párrafos y algo más, pero no tengo idea de cómo continuar. Será para otra ocasión, supongo, junto con la entrada que quería publicar la noche en la que blacky se escapó.

2 comentarios:

Erre dijo...

ah sí, el capítulo de "Mongo", el robot gramatical. "Mongo ESTÁ muerto"

Pappo Banton Texaco dijo...

Ese mismo. Ya me había olvidado del nombrecito del robot. "Mongo" jajajaja. Gracias por el dato