Noté que algunos de esos me pasaban a más de ciento cuarenta kilómetros por hora y, tras jugar un poco con la memoria mientras conducía por esa desgraciada carretera norte, recordé aquella vez en la que, junto a un Antonio, expuse mi vida de una manera tonta, aunque lamentablemente cotidiana para quienes deben estirar el dinero más que uno.
Por esos días, hace ya varios años, andábamos tomando fotografías como locos; la fiebre del taller de montalvo. Foto a esta calle, foto a ese auto, foto a esa muchacha, foto a mis pies, foto a la computadora encendida que tiene el reproductor abierto con un clip porno mientras Antonio mantiene un encuentro casualmente amoroso -y no amorosamente casual- dentro de su cuarto y, por supuesto, de su cabeza; foto a mis pies, foto a blacky, foto a una botella de pilsen, foto a mis pies (¿lo he mencionado, ya?). En fin, gastábamos más rollos de los que podíamos afortar y recurríamos al control y gasto parental. ¿Hay que tomarle foto a una calle de trujillo?, ya pues, yo tengo un par de familiares por allá ¿vamos? vamos.
Algo improvizada en planeamiento, la escapada a trujillo se pospuso una semana y no teníamos idea de cómo llegar. Un tío involucrado en el negocio de transporte de materia prima nos iría a "colocar" en un camión con destino a la primavera de siempre, pero los cálculos le fallaron y no pudo embarcarnos como habría querido. Por otro lado, nos llevó hasta el terminal informal de los camiones convertidos a buses y nosotros, Antonio y yo, con cámara en mano, pretendíamos disfrutar del inicio de esa arriesgada aventura. Una interminable (bueno, en realidad si terminaba) fila de buses que salían cada cinco o seis minutos, a múltiples destinos del norte chico, mediano y grande de este queridísimo país (en donde de regreso un policía de pasajero nos ahorró un par de horas de viaje).
- Webón ¿y si nos chocamos? mejor vamos a sentarnos atrás porque si salimos disparados caemos encima de estos locales. ¿te darán boleta? ¿Qué carajo me van a dar en este bus de mierda, imbécil? Yara, ahí viene el cobrador. Dale diez lucas, he visto que la gente le da diez ¿"a trujillo a trujillo, diez" no dijeron afuera? Si, pero pudo haber sido diez asientos libres, y qué se yo. Puta mare huevón, se van a dar cuenta que no eres de aquí. Paga, paga.
Y bueno, que de noche no lo sentimos tanto como de día, al regresar. Ese bus sí que corría rápido, creo que demasiado. Con un nombre tan sugestivo como Erick el Rojo, pasaba a otros autos a más de ciento cuarenta kilómetros por hora. Me crucé con uno, con varios, mientras conducía por esa deswgraciada carretera norte, hace unas semanas.
Por esos días, hace ya varios años, andábamos tomando fotografías como locos; la fiebre del taller de montalvo. Foto a esta calle, foto a ese auto, foto a esa muchacha, foto a mis pies, foto a la computadora encendida que tiene el reproductor abierto con un clip porno mientras Antonio mantiene un encuentro casualmente amoroso -y no amorosamente casual- dentro de su cuarto y, por supuesto, de su cabeza; foto a mis pies, foto a blacky, foto a una botella de pilsen, foto a mis pies (¿lo he mencionado, ya?). En fin, gastábamos más rollos de los que podíamos afortar y recurríamos al control y gasto parental. ¿Hay que tomarle foto a una calle de trujillo?, ya pues, yo tengo un par de familiares por allá ¿vamos? vamos.
Algo improvizada en planeamiento, la escapada a trujillo se pospuso una semana y no teníamos idea de cómo llegar. Un tío involucrado en el negocio de transporte de materia prima nos iría a "colocar" en un camión con destino a la primavera de siempre, pero los cálculos le fallaron y no pudo embarcarnos como habría querido. Por otro lado, nos llevó hasta el terminal informal de los camiones convertidos a buses y nosotros, Antonio y yo, con cámara en mano, pretendíamos disfrutar del inicio de esa arriesgada aventura. Una interminable (bueno, en realidad si terminaba) fila de buses que salían cada cinco o seis minutos, a múltiples destinos del norte chico, mediano y grande de este queridísimo país (en donde de regreso un policía de pasajero nos ahorró un par de horas de viaje).
- Webón ¿y si nos chocamos? mejor vamos a sentarnos atrás porque si salimos disparados caemos encima de estos locales. ¿te darán boleta? ¿Qué carajo me van a dar en este bus de mierda, imbécil? Yara, ahí viene el cobrador. Dale diez lucas, he visto que la gente le da diez ¿"a trujillo a trujillo, diez" no dijeron afuera? Si, pero pudo haber sido diez asientos libres, y qué se yo. Puta mare huevón, se van a dar cuenta que no eres de aquí. Paga, paga.
Y bueno, que de noche no lo sentimos tanto como de día, al regresar. Ese bus sí que corría rápido, creo que demasiado. Con un nombre tan sugestivo como Erick el Rojo, pasaba a otros autos a más de ciento cuarenta kilómetros por hora. Me crucé con uno, con varios, mientras conducía por esa deswgraciada carretera norte, hace unas semanas.
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