martes, 27 de mayo de 2008

Sweet Home, Buenos Aires

Las vivencias de la gente suele tener mayor trascendencia cuando se tiene registro fotográfico del asunto. Aparentemente, las fotografías (digitales) le dan cierto je ne sais quoi a las fiestas, viajes, almuerzos, reuniones, encuentros y demás eventos, que hacen que los demás notemos a la persona involucrada como “muy” socialmente activa.

El tema es cuando se tienen unas tres mil fotos en el ordenador ¿y luego qué? Al menos con los antiguos álbumes, era factible sacarlos de algún lugar en la casa y compartir las fotografías con los demás. Pero cuando están en el PC y en una reunión familiar quieres mostrarles a todos las fotos de tu último viaje al mediterráneo, Miami o Chincha ¿qué hacer? Las tres laptops de la casa no serán suficientes frente a las cabezas amontonadas de quienes quieren ver las mismas fotos (la posición de las cabezas hace que las fotos sean percibidas más claras u oscuras) y, si no hay portátiles, se jodieron todos.

Solo se libran aquellos que, luego de llenar las pequeñas y maravillosas tarjetas de dos gigabytes (¡nerd!), mandan todo eso a alguna imprenta de Kodak, guardan esas fotos en un álbum y repiten el procedimiento. Ellos si pueden compartir fotos con los demás, incluso con la abuelita que se niega a usar una computadora.

foto: Stewie loves offroading, too.

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