Por razones que escapan de mis manos, la Ponderosa tuvo un descanso y decidí aventurarme a tomar el transporte público. Melissa mencionó que viajar en combi siempre traía experiencias interesantes, y así lo confirmé. Tomé una pequeña van (y una vez más, "combi" es el modelo de Volkswagen que usaba la pandilla de Scooby Doo) para moverme desde el capitolio de la plaza central hasta las galerías de Santa Margarita, en mi mente. En una de las paradas del carro -no paraderos, porque ellos pueden detenerse en la esquina, en la bodega, en la farmacia, en el teléfono y en el medio de la pista-, subió una chica aparentemente apresurada. Mostraba preocupación en su rostro y mucho de ansiedad. Para su suerte (bueno, en realidad, para la mía), se sentó a mi lado y atinó a bajar la cabeza, como quien quiere olvidarse de algún problema y desaparecer en ese mismo instante -luego me enteraría que en realidad estaba escribiendo algo en un pedazo de papel-. ¿Te encuentras bien? le dije. Ella subió la mirada hacia mi cara y noté un altercado de posturas visuales dirigidas hacia mis ojos y mis labios. ¿Y tú qué sabes?, respondió. Tú eres un extraño de mierda que subió a la misma combi, nunca te he visto, no sabes mi nombre, ni donde vivo, ni por qué estoy acá ¿y me preguntas si me encuentro bien?. Bueno, le dije, en ese caso solo te diré dos cosas; te veo bastante preocupada, a menos que me esté equivocando y, como dices, soy un extraño de mierda, pero te aseguro que hablando con un extraño de mierda sobre lo que sea que te aqueje probablemente te haga sentir mejor. ¿Y la segunda?. Bueno, proseguí, que combi es un modelo de Volkswagen, aquél que utilizaba la pandilla... "de Scooby Doo", me cortó, esta vez, sonriendo un poco.
Al menos hice que sonrieras, atiné devolviéndole la sonrisa (parada acá: que asco me da hablar de seducción en una "combi", pero muchas cosas suceden en el lugar y en el momento menos pensado). Pero eso no cambia que seas un extraño de mierda para mi, rió. Recién entonces me di cuenta que era hermosa (¿hermoza?), tenía unos ojos negros azabache, grandes; unas cejas perfectamente pobladas y unos labios que parecían haber sido delineados de una forma intencionalmente atractiva. De pronto noté que ella se había dado cuenta que me estaba pasando de la línea al observarla demasiado. Tenías que ser hombre, me dijo, para luego gritar "bajo en la esquina".
Cuando bajó del carro me di cuenta que no era solo una cara bonita, pues el semáforo en rojo me dejó concluir que tenía un cuerpo de esos que marean al ver. Diablos, pensé, yo y mi bocota. De pronto bajé la mirada y vi un papel con algo escrito. Letra de mujer, obviamente; su letra. "Si quieres causar una buena segunda impresión empieza por llamarme a este número, y de paso te devuelvo tu teléfono". Mientras yo sostenía el papel con la mano, el carro empezaba a avanzar y pude ver a través del vidrio que ella seguía ahí, parada, sonriendo, haciéndome un gesto de complicidad y burla a la vez.
No dudé un segundo y metí la mano al bolsillo de mi casaca. ¡Coño!, el celular no estaba. La muy perra me lo había robado y cuando miré de nuevo, ya se había perdido entre la gente de la calle. ¡Baja baja! grité mientras pensaba, por alguna razón, en la corrida de toros que había ido a ver pocos días atrás.
Al menos hice que sonrieras, atiné devolviéndole la sonrisa (parada acá: que asco me da hablar de seducción en una "combi", pero muchas cosas suceden en el lugar y en el momento menos pensado). Pero eso no cambia que seas un extraño de mierda para mi, rió. Recién entonces me di cuenta que era hermosa (¿hermoza?), tenía unos ojos negros azabache, grandes; unas cejas perfectamente pobladas y unos labios que parecían haber sido delineados de una forma intencionalmente atractiva. De pronto noté que ella se había dado cuenta que me estaba pasando de la línea al observarla demasiado. Tenías que ser hombre, me dijo, para luego gritar "bajo en la esquina".
Cuando bajó del carro me di cuenta que no era solo una cara bonita, pues el semáforo en rojo me dejó concluir que tenía un cuerpo de esos que marean al ver. Diablos, pensé, yo y mi bocota. De pronto bajé la mirada y vi un papel con algo escrito. Letra de mujer, obviamente; su letra. "Si quieres causar una buena segunda impresión empieza por llamarme a este número, y de paso te devuelvo tu teléfono". Mientras yo sostenía el papel con la mano, el carro empezaba a avanzar y pude ver a través del vidrio que ella seguía ahí, parada, sonriendo, haciéndome un gesto de complicidad y burla a la vez.
No dudé un segundo y metí la mano al bolsillo de mi casaca. ¡Coño!, el celular no estaba. La muy perra me lo había robado y cuando miré de nuevo, ya se había perdido entre la gente de la calle. ¡Baja baja! grité mientras pensaba, por alguna razón, en la corrida de toros que había ido a ver pocos días atrás.
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