domingo, 23 de septiembre de 2007

La ley de Herodes V

Mucha gente pone en duda la heterosexualidad del pequeño Stewie. Mucha otra gente sabe que el pequeño Stewie quiere matar a Louis, su madre. Pero poca gente sabe que una de las cosas que hace Stewie por la vida, a su corto año, es actuar para comerciales de televisión.

Aquella noche, no podía dormir por el movimiento del tren que, aunque con un gran servicio, era ya bastante antiguo y ruidoso. Como faltaban unas cuatro horas para llegar a San Diego, me acerqué al vagón bar para saborear una Bud Light. Y es que ya hasta me había encariñado con esa cerveza.

Hice mi pedido mientras el movimiento del tren pasando por alguna curva hacía que me balancee al estilo Dani Suco en la canción final de Grease y, al recibir la botellita, también recibí una caricia sobre mi mano por parte del bartender. “Yo, what the fuck, man!?” fue lo primero que solté en un tono bastante elevado, justo antes de que el pretencioso camarero me respondiera que yo lucía sexy con mi pelo de rulos. Su inglés era muy zeteado, signo casi casi inconfundible de un gusto en contra de la naturaleza, por lo que enseguida atiné que estaba en medio de un episodio de acoso sexual.

El puñetazo fue casi instantáneo; el problema fue que no llegó a su destino. Ya me habían advertido que en el mundo de la chimbombada habían buenos exponentes de artes marciales, y supongo que esa es la razón por la cual mi brazo fue atajado y doblado a la brevedad con una llave que me hizo dar la vuelta a presión. Coño, que ahora estaba de espaldas ante mi potencial violador. Recordé, entonces, las sabias enseñanzas de pelea sucia que aprendí en las pocas clases gratuitas de bacón en una zona escondida de Zarumilla (ahora que recuerdo ¿cómo diablos habré llegado a esas clases? ¿Qué será del maestro Push?). Así vino mi cabezazo en retro y mi libertad de esa llave que ya empezaba a asustarme.

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