Sé, o creo saber, que hace treinta y cinco o cuarenta años, en el Perú no existían autocinemas -como si lo hacían en otros países- porque simplemente no resultaba tan rentable. Suena lógico ¿no? no habían tantos carros como ahora; pero eso es lo que yo sé, o creo saber. Sin embargo, el lado feliz de mi persona aumentaría si es que algún inversionista con cualidades notorias (como al que se le ocurrió explotar el eje financiero de la periferia y vino con la idea del tan exitoso MegaPlaza) crease el primer autocinema del Perú. Lo ideal, por supuesto, sería que no lo posicione, o intente posicionar, como muchas de las cosas que resultan novedosas en este país, sobre todo en Lima; una especie de atracción demasiado segmentada, y marcada por una estrategia de precios muy alta: una webada de gente ficha solamente (¿quieres un ejemplo? El Cinebar). Vamos, mucha gente tiene auto; ya no es cosa de ricos como lo era antes.
Pero este autocinema no debería terminar siendo como la costa verde ni pelearle mercado a ese hotel tan grande y barato de Lima (el más grande y barato creo; habrá que preguntarle a los más roños) ya que, para empezar, la entreda -como digo- no debería ser tan cara, pero tampoco debería estar cinco soles, pues. Y lo digo por dos razones: si el precio es muy barato (cinco soles), por grande que sea el autocinema, no podrá cubrir la demanda de tantos carros y empezarían las percepciones negativas por parte del que se queda afuera y no se siente querido (el gran Waldo Ritcher me enseñó: La gente quiere que la quieran). Por otro lado, con cinco soles para la entrada, el lugar se convertiría en un "costita verde" con un valor agregado (¿qué es un plus? date una idea); y eso no sería competitivo ni decente para nuestros amigos parados en las entradas de las playas de la costa que de verde tiene poco. Por supuesto, en el autocinema habría "harto maleo", pero solo base uno y base dos. Los más cachondos podrían irse a un hotel luego de la función.
Obvio que tras la entrada debería haber lugares tipo Tip Top donde te lleven el hot dog y la gaseosa al carro; un estacionamiento organizado y, ¿por qué no? un repertorio de películas modernas. Pasar películas de Pedro Infante no sería acertado.
Entonces, ¿No te gustaría un autocinema en Lima? ¿Cuál sería el precio ideal de la entrada?
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