El año pasado volví a Churín después de unos trece años. Y digo volví porque yo iba muy seguido cuando era niño o, mejor dicho, era llevado con frecuencia, ya que mi doctora le recomendó a mis padres esa idea como parte de mi terapia contra el asma. Sinceramente, Churín ayudó mucho y quería ir por mis propios medios a ese lugar tan generosamente curativo; regresar era, para mi, una manera de agradecer lo que hizo por mi salud, no sé.
Realmente ese lugar es maravilloso. A pesar de ganarte un dolor de cabeza de tanto rebote por el mal estado del camino, vale la pena llegar hasta allá (¿cierto. Leslie?), disfrutar del clima sano y serrano, las aguas termales y, por supuesto, el ahorro que significa para tu bolsillo el vivir ahí por unos días.
Recuerdo que un plato enorme de sopa a la minuta, más otro plato enorme de Bisteck "a lo pobre", más una gaseosa de medio litro costaba, en promedio, unos seis soles (lo mismo pero un poco más chico en el menú de tres soles). No era nada feo y, basicamente, esa generosa porción de comida, junto al desayuno de panes con huevo de un sol y por ahí que pescado frito, eran mi alimentación del día. ¿Quién puede pedir más? Proteinas y vitaminas por un máximo de diez soles diarios (Y ni se te ocurra quejarte porque podría apostar que no conoces un lugar igual de barato para ir de viaje).
Comida barata, hoteles baratos, tours baratos; NO recomiendo Churín como destino porque este no es un espacio publicitario, yo solo estoy contando cómo es la cosa, mas o menos (no te pierdas los baños del presidente). Lo más gracioso de mi último Churín (así como hay "Segundo Sanbar" y "Primer Tubo" en el foro de 4x4) fue cuando un niño , con una actitud demasiado convincente como para no reirme, se me acercó en medio de la pequeña plaza para abrazarme y decirme "papá... papi".
Ajá, a La Mar con Papá!
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