sábado, 30 de junio de 2007

Licencia para besar mujeres en calles oscuras

Hace un par de años tuve la oportunidad de trabajar con el productor musical Edmundo Delgado, un hombre con una actitud más musical que empresarial que vive enamorado de la música de Lennon. Recuerdo que mi padre me lo presentó una tarde y la amena charla terminó en mi “contratación” como asistente de producción para su empresa.

El sonido para mi es y ha sido un tema bastante magno en mi vida cotidiana y profesional, por lo que la oportunidad me parecía excelente. Así, empecé mi primer día entusiasmado y aprendiendo todo lo que aún no sabía sobre cuestiones técnicas de sonido en uno de los estudios musicales de mi jefe. Conocí y reconocí a varios artistas; algunas veces estuve presente en grabaciones de albums y otras veces en sonorizaciones de series de televisión (recuerdo mucho la de una serie sobre Augusto Ferrando en Frecuencia Latina).

Todo bacano por unos meses. Edmundo me dejaba experimentar con sus computadoras, programas, consolas e instrumentos musicales; “masterizé” un par de discos, me invitó a almorzar un par de veces, y hasta me daba flexibilidad de horario porque yo aún seguía en la universidad y podía ir, si quería, una vez a la semana, claro que no fui tan conchudo de hacer eso a pesar que mi jefe tenía varios asistentes y yo sabía que no era indispensable.

Un día llegué al trabajo y, como en algunas pocas ocasiones, estaba totalmente solo, así que caballero, a jugar al jefito si se presentaba algo durante el día. Lamentablemente tenía algún parcial u otra maricada esa mañana, y tuve que salir para la universidad. Cuando regresé Edmundo ya estaba ahí pero había surgido una crisis: dos de los equipos a los que yo les decía los big toys (o sea de hecho eran fácil los más caros del lugar) estaban jodidos. Se habían estropeado –sabe quién cómo- y eran necesarios para el funcionamiento del negocio. Juro que yo no había tocado nada que no debiera y el roche no tendría que ser conmigo, pero también había sido el único en el lugar durante la mañana. ¿Qué pasó? ¿Cómo coño lo sabría? Llamaron a un técnico y toda la nota. Al rato tuve que salir de nuevo para la universidad y luego de esa tarde nunca más volví a la empresa.


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