miércoles, 20 de junio de 2007

Solo un poco más de vino

Soy de los que gustan de (algunos) momentos de soledad. A diferencia de cuando era niño, hoy en día disfruto quedarme solo en casa. Claro, todos lo hacen; aprovechamos el viaje de los nuestros para apoderarnos del lugar y hacer reuniones, fiestas, mañosadas y unos cuantos etcéteras de los cuales cada cochino que lee esto se ha de acordar –Ojo, cochinas también-. Sin embargo, yo no me refería (solo) a esas actividades que involucran cierta destrucción, sino más bien a la sensación de habitar un lugar en el que, estoy seguro, no hay nadie más. Y es que la soledad, por no decir “Mi espacio personal, intransferible, inaccesible e irrompible”, me atrae hasta el disfrute: Disfruto andar totalmente desnudo (si no hace tanto frío, claro) por toda la casa; desde el garaje hasta el cuarto de visita, desde la terraza al estudio, desde la casa de Blacky hasta mi cuarto, y así. Disfruto, también, eruptar con poderes asombrosos, porque sé que no habrá nadie que me llame nombres por hacerlo. Obvio que disfruto apagar todas las luces en la noche y ver alguna película de terror con el home theater de mi padre a todo volumen.

Mi tía dice que estoy destinado a ser un hombre solitario, que no soy bueno compartiendo cosas, y no por egoísta. Prefiero comprarle un plato nuevo al de al lado en vez de comer, ambos, del mío –eso no es egoísmo porque la intención de invitar la tengo-, o dormir solo, en cualquier ocasión y circunstancia; pateo demasiado, ronco demasiado. En realidad las ultimas cinco líneas no tienen mucho que ver con la idea de esta entrada. En fin, ¿El Américan? Que chingue su madre!

2 comentarios:

Unknown dijo...

alo, serenazgo?
hay un hombre calato que veo de mi ventana.

Pappo Banton Texaco dijo...

alo, serenazgo?
hay una mujer pervertida que me observa desde su ventana.