domingo, 1 de julio de 2007

Mi sobrino loco

Diablos que mentí cuando dije que no comería en esa pollería Rocky’s de nuevo. No solo lo hice sino que fue exactamente en la misma de aquella vez. Lo raro es que no me hizo mal al estómago, y empiezo a creer que desistir, esta vez, del asesino chimichurri, tuvo mucho que ver en el asunto. Creo que salté a conclusiones apresuradas y no me negaré a comer en ese lugar si se presenta la oportunidad nuevamente.

Y escribir de pollos me recuerda; he notado que KFC ya no me fascina como antes. La idea de comer en algún lugar (al menos de día y no en plena madrugada como en Rocky’s) empieza por apuntar a Bembos y su exquisita hamburguesa mexicana, seguido de muchos otros nombres que saltan la letra K de forma automática.

De cualquier modo, el chimichurri de Rocky’s ha de ser una cagada y yo ando buscando un maestro pintor que cobre “cómodo” por un trabajo de re-pintado en la oficina.

Ps: Trabajar con pequeños no era tan malo como pensé; es cuestión de ser un niño más pero con autoridad, sin dejar de lado los jueguitos y demás maricadas, algo así como un bully buena gente.
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1 comentario:

Erre dijo...

Para los niños:

Clavar un gancho en la pared. Al que se porta mal lo cuelgas del ojal de la camisa (se escribe sin hache "ojal"?, qué vergüenza de periodista dios santo). Es buen castigo: no infringes dolor, no se pueden descolgar y quedan en ridículo.