jueves, 20 de agosto de 2009

LogiTalk

Mis tíos cercanos siempre han hablado barbaridades frente a mí. Las palabrotas que escuchaba cuando era un pequeño infante hicieron que me acostumbrara a ese tipo de lenguaje desde muy temprana edad. No obstante, el asunto es que los niños imitan a los adultos, y eso fue, hasta algún momento, una tentación que llevé conmigo cada vez que pensaba que las lisuras eran la mejor manera de enfatizar las ideas.

Mi proceso de adecuación a tales palabras y expresiones fue rápido, mas no así el de adquisición y uso. Cuando tenía unos diez años comencé a medir paulatinamente la tolerancia de mis padres frente a un novedoso vocabulario subido de tono. Así, primero empecé por reemplazar el “asu macho” por el “asu mare”. Y aunque las miradas de mi madre fueron de advertencia en un inicio, con los meses se volvieron en miradas de resignación (“está creciendo”, pensaría). Mi segundo paso fue la adherencia del “mare” al “pucha”, y todo se volvió un “pucha mare” –eventualmente “pucha madre”- cuando las cosas no salían bien.

Sabía que “mierda” y “carajo” estarían casi al final de la lista y del proceso, por lo que tuve que amoldarlas de a pocos para aminorar el cambio en mi forma de hablar. En la adolescencia colegial empecé a sentir la frustración de no poder soltar cuanta oración quería en casa, ya que entre los amigos de la escuela se había vuelto in y excitante hablar el diccionario competo de lisuras. Porque te hacía ver más aceptado si decías “puta que bacán esta mierda” en vez de “oh, que interesante este asunto” (pappo dice: y qué idiotas que nos volvemos cuando adolescentes).

De cualquier modo, debido a que el trato es “igual para todos”, hoy en día suelto las palabras que quiera frente a mi primo de once años, esperando que, al igual que yo, sepa manejar esa tentación de imitarme (me hace sentir, en algo, un poquito subido el que mi primo quiera seguir varios de mis pasos), por lo menos hasta que tenga la edad “suficiente” , para expresarse de ese modo tan vulgar, inferior y estúpido que muchos de nosotros portamos en la lengua.

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