jueves, 20 de agosto de 2009

Especialistas de la tecno-vida

Hace un par de semanas traté de explicar la magia de la escritura a mis alumnos. Cuando escribes, les dije, puedes hacer todo lo que no haces en el mundo real. Puedes robar, violar, asesinar, salvar al mundo de un ataque extraterrestre, ser el presidente de Zimbabue, ser policía, pegarle al policía, abofetear a Alan (¡hey!), ser millonario, ser pobre, ser alto, ser pelirrojo y una infinidad de cosas más. En realidad no creo haberles dado tantos ejemplos, pero mi punto era ese.

Y es que cuando lo hace, uno tiene poder absoluto sobre lo que escribe, sin importar consecuencias, opiniones o casualidades. Finalmente es su mundo, y en su mundo, el que escribe gobierna, pide y desea lo que le venga en gana.
Por otro lado, les decía, escribir también desfoga; explayar, mentir o colgarse de la realidad para producir fantasía son solo algunos caminos a tomar. Realmente no me gané la lotería, pero en mi mundo de la escritura si lo hice si quisiera. Realmente quiero ofrecerte disculpas, pero por miedo a hacerlo en persona lo escribo y me escondo tras las líneas.

¿Y tu? Me preguntó un familiar en otra charla muy similar. Bueno, le dije, lo que escribo es Ficción. ¿Y las impresionantes semejanzas con la realidad? Refutó. Son solo coincidencias que por razones casuales del universo se parecen a lo que escribo. Yo solo escribo cosas reales cuando hablo de mis recuerdos, porque como lo he dicho antes, es una manera agradable de mantener con vida episodios que desaparecerían de mi mente al ser desatendidos. -Pero Pappo, casi siempre hablas de recuerdos, pero a veces no lo haces tan explícito-. Eh ahí mi jugoso poder, le dije. Solo yo sé y entiendo cada una de las cosas que escribo.

Yo tengo una teoría, acotó, esta vez, alguien más astuto. Yo creo que tus melodías tienen mucho de reales, y algo de ficción.
- ¿Explícate?
- Bueno; nombres, lugares, escenas y sentimientos parecen ser alterados adrede en ese mágico mundo de la escritura del que me has hablado toda la tarde.
- Interesante.
- Pero entonces ¿son o no son reales tus historias?
- Mis melodías, dices.
- Exacto.
- Bueno, varias lo son.
- ¿y las otras?
- También, aunque no tanto.
- Diablos, Pappo, me estás poniendo impaciente.
- En ese caso te saco de mi melodía por impaciente, y encima la termino.

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