Hablando de las AFP y demás temas de mierda que se conjugan en un grupo de sistemas de mierda que no funcionan para una mierda en un país... excepcional, mi padre me dijo "mira, sino, lo que pasó con Manuel Rosado" ¿Manuel Rosado? ¿Quién es él? pregunté. Tu tío Manuel.
De niño le decía tío mañuco y mi relación con él era algo distante, lo admito. Ya siendo joven empecé a verlo más gracias a que decidió pasar la mayor parte de su tiempo junto a su hermanastra, su hermanita, su hermana Emilia, mi abuela. Honestamente, recién entonces, hace unos pocos años, empecé a tomarle cariño, y su reciente muerte me afectó, aunque no tanto como lo esperaba. Emilia se siente sola; la muerte de su esposo a principios de la década pasada, la total independencia de casi todos sus hijos, sus ochenta años cumplidos no hace mucho y la reciente muerte de su hermano -casi su única compañía- han hecho que hoy más que nunca sienta mucho miedo de su propia vida. La soledad nunca ha sido tan dura, pensará, y yo me avergüenzo de no poder pasar más tiempo con ella, aunque trato de mimarla y ser tan sinceramente cariñoso cada vez que tengo la oportunidad de verla.
Cuando tenía seis o siete años les prometí a mis dos abuelas llevarlas a tomar helado cuando tuviera mi carro y trabajase. Me siento, aún, más avergonzado de que hayan pasado varios años de eso y que aún no las haya llevado a ese paseo que, en silencio, seguramente esperan ambas. Pappo, no te olvides, por favor; ellas quieren ese helado.
De niño le decía tío mañuco y mi relación con él era algo distante, lo admito. Ya siendo joven empecé a verlo más gracias a que decidió pasar la mayor parte de su tiempo junto a su hermanastra, su hermanita, su hermana Emilia, mi abuela. Honestamente, recién entonces, hace unos pocos años, empecé a tomarle cariño, y su reciente muerte me afectó, aunque no tanto como lo esperaba. Emilia se siente sola; la muerte de su esposo a principios de la década pasada, la total independencia de casi todos sus hijos, sus ochenta años cumplidos no hace mucho y la reciente muerte de su hermano -casi su única compañía- han hecho que hoy más que nunca sienta mucho miedo de su propia vida. La soledad nunca ha sido tan dura, pensará, y yo me avergüenzo de no poder pasar más tiempo con ella, aunque trato de mimarla y ser tan sinceramente cariñoso cada vez que tengo la oportunidad de verla.
Cuando tenía seis o siete años les prometí a mis dos abuelas llevarlas a tomar helado cuando tuviera mi carro y trabajase. Me siento, aún, más avergonzado de que hayan pasado varios años de eso y que aún no las haya llevado a ese paseo que, en silencio, seguramente esperan ambas. Pappo, no te olvides, por favor; ellas quieren ese helado.
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