jueves, 9 de abril de 2009

Héctor y yo

Conversando bajo la estación Brownsville del metroriel de Miami, Hector y yo hacíamos tiempo mientras esperábamos la llegada del vagón que nos llevaría hasta la estación del lado norte, dos paradas más adelante. Allí nos encontraríamos con mi buen amigo Adelmo para pasar un par de noches en su condo, beber unas cervezas, jugar con su perro Dálmata y enterarnos que yo había reprobado un curso de filosofía de la universidad de vuelta en Lima.

Recuerdo que el clima estaba algo loco y los cortos pero fuertes períodos de lluvia alternaban su estadía con un brillo solar que se hacía paso entre las nubes que se separaban. Un típico día de Marzo en Miami. Por alguna razón, nuestros estómagos demandaban ser engreídos a esa hora de la tarde y no teníamos los medios ni el tiempo para visitar algún comedor cercano. Nos acariciábamos las barrigas pensando en llegar ya a la casa de mi buen amigo y asaltar su refrigeradora, cuando se acercó un muchacho de mal aspecto que venía comiendo algo aparentemente delicioso de un to-go-box. ¡Están regalando comida allí arriba! nos dijo en un inglés parecido al que se escucha en la sala de la Dra. Ana María Polo. Héctor y yo nos miramos por un segundo y no dudamos en subir enseguida. Efectivamente, habían dos muchachas guapísimas que custodiaban una fila acumulada de esas cajitas blancas en donde se lleva el pollo a la brasa.

La vergüenza por recibir caridad y compasión al ser identificados como posibles individuos de escasos recursos nunca existió cuando nos ofrecieron una de esas maravillosas loncheras a cada uno. Al bajar, abrimos los contenedores y con los cubiertos de plástico -también proporcionados- empezamos a deleitarnos con lo que parecía ser una especie de arroz con mariscos sin mariscos, pero con pollo y frijoles. They should bless those people, decía el muchacho con el que nos habíamos topado antes, mientras usaba sus dedos para tomar los últimos granos de arroz en su caja. Héctor y yo nos limitamos a comer tranquilos y, por supuesto, felices. Y es que esa comida nos llegó de arriba en el mejor momento.

Esa noche, Adelmo, Hector y yo comimos chuletas de cerdo y galletitas de perro.

2 comentarios:

Kari Moscol dijo...

esa foto es del metro de miami, pa ser exacta de la estacion del downtown o una cercana, me parece q esta cerca de la universidad de medicina

Anónimo dijo...

Bueno la verdad es la del metrorail, que yo sepa miami no tiene metro. Podría ser Brownsville como podría ser biscayne. Bueno pappo dinos