¿Quieres saber qué no le puede gustar a una chica de tí? me respondió Valery, en un tono que anunciaba un ataque sorpresivo e intenso, aunque honesto. En solo tres minutos mencionó, describió y explicó todos mis defectos, físicos como emocionales (más físicos), de la manera más cruda, insensible y directa que alguna vez alguien haya utilizado conmigo. Fue realmente sorprendente para mi y estoy seguro que, si no hubiera sido yo el castigado con todas esas palabras, habría sido extraordinariamente hiriente para cualquiera.
No sé si Valery estaba siendo totalmente sincera o si había exagerado algunas cosas por un malentendido que habíamos tenido un par de noches antes. Me inclinaba por la primera al saber, previamente, que ella era algo parecida a mí en cuestiones de importancia-nula-a-tonterías. Pero ¿qué tan parecida a mí? ¿suficientemente parecida como para no haber tenido un juicio sesgado al darme su opinión? Al final todo lo que dijo era cierto, porque vamos, la verdad es la verdad aunque duela; Sin embargo ¿era realmente necesario el tono déspota y arrogante en cada una de esas palabras? ¿era realmente necesario el ejemplificar con cierto desprecio cada detalle defectuoso que encontró en mí?
Jamás me habían hablado de ese modo y, para ser honestos, todo eso me resultó irónicamente excitante; al final de las palabras hostiles usadas por Valery, me sentí como una pieza de metal frente a un poderoso imán. Esa mujer había despertado, sugiero, el lado fetiche y oscuro que hasta ese día ninguna chica me había hecho descubrir.
¿Qué diablos pasaba conmigo? quería tomarla en mis brazos y besarla apasionadamente a la fuerza, abusar de ella y utilizar palabras sucias como musicalización de fondo. Quería que vuelva a agredirme verbalmente, pero aún peor; que me muerda, me lastime, me ate de manos y también abuse de mi. Algo así como una exageración del angry sex, sin dejar de ser angry. Qué noche.
No sé si Valery estaba siendo totalmente sincera o si había exagerado algunas cosas por un malentendido que habíamos tenido un par de noches antes. Me inclinaba por la primera al saber, previamente, que ella era algo parecida a mí en cuestiones de importancia-nula-a-tonterías. Pero ¿qué tan parecida a mí? ¿suficientemente parecida como para no haber tenido un juicio sesgado al darme su opinión? Al final todo lo que dijo era cierto, porque vamos, la verdad es la verdad aunque duela; Sin embargo ¿era realmente necesario el tono déspota y arrogante en cada una de esas palabras? ¿era realmente necesario el ejemplificar con cierto desprecio cada detalle defectuoso que encontró en mí?
Jamás me habían hablado de ese modo y, para ser honestos, todo eso me resultó irónicamente excitante; al final de las palabras hostiles usadas por Valery, me sentí como una pieza de metal frente a un poderoso imán. Esa mujer había despertado, sugiero, el lado fetiche y oscuro que hasta ese día ninguna chica me había hecho descubrir.
¿Qué diablos pasaba conmigo? quería tomarla en mis brazos y besarla apasionadamente a la fuerza, abusar de ella y utilizar palabras sucias como musicalización de fondo. Quería que vuelva a agredirme verbalmente, pero aún peor; que me muerda, me lastime, me ate de manos y también abuse de mi. Algo así como una exageración del angry sex, sin dejar de ser angry. Qué noche.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario