domingo, 1 de junio de 2008

El tiempo de los gestados

La jupiña, a parte de ser una soda, es la palabra con la que defino a todo aquello por lo que nos hacemos conocidos, de alguna u otra manera. Una particularidad que ronda a nuestro alrededor durante mucho tiempo (en algunos casos de por vida). Es eso de lo que no nos cansamos de hablar, sentir, palpar, oir u oler; y que, en ciertas ocasiones llega a cansar a quienes nos rodean porque parece que vivimos por y para esa jupiña.

A veces, la jupiña de alguien puede ser otra persona. Tomemos el caso de la chica que hace cuatro años fue terminada por su ex novio, pero que no deja de hablar de él, de recordarlo, de ver sus fotos y demás etcéteras (acá entraría Melissa diciendo algo como “supéralo”). Eso fue en el dos mil dos pero tú aún recuerdas el viaje a Ica. Por otro lado, también puede tratarse de lugares, como el caso de dos buenos amigos, Karina y Jaime; una vive obsesionada con Brasil aunque Brasil poco o nada se obsesione con ella, mientras que el otro revisa diariamente el clima, tipo de cambio y noticias del día de su amado Buenos Aires, aunque ya dejó de frecuentarlo.

Así, la Jupiña puede ser (también) una actividad, como la cacería, el gimnacio o tus visitas frecuentes a un lugar específico, un restaurante, una discoteca o, incluso, la casa de alguien más. La gente sabrá que cuando se cruce contigo, de lo único de lo que vas a hablar será de tu jodienda jupiña.

En fin; así como la jupiña del estado de Nebraska es el maiz, la de Coché era Lunahuaná y la de Moisés son sus pájaros, así también están las antijupiñas que, por deducción, funciona del modo contrario, y voila

ps: rings a bell?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tu jupiña es panzer!!! y stewie creo jajaja...aunque ahora scrubs! ya acabaron las temporadas SUPERALO! jajaja

Anónimo dijo...

mi jupiña es el sexo, te gustaría conversarlo a menudo?