Hoy me hizo acordar. Fue hace ya algunos años y resultó ser, verdaderamente, un episodio aislado. Zenaida ya había tenido su primer hijo y se encontraba en medio de un dilema al no saber si debía dejarlo en Lima con sus padres mientras ella terminaba sus estudios en Santiago. Aparentemente, los repetidos cambios en el programa de la escuela de Ingenería le habían parecido una muestra de poca seriedad por parte de su Universidad, y buscaba convalidar lo poco avanzado en el país vecino.
Fue un martes, recuerdo, que su número apareció en mi movil luego de mucho tiempo. Debo admitir que dudé en contestar ya que, desafortunadamente, Zenaida y yo habíamos tenido un problema varios meses antes y las cosas no habían terminado bien entre nosotros. Estando ebrios, traté de hacer que ella y Paola, una amiga en común, se besaran más de una vez (y es que el alcohol hace maravillas); para mi mala suerte, ambas pensaban que su pobre demostración previa había sido más que suficiente. De cualquier modo, no habíamos vuelto a hablar desde ese día, ni con ella ni con Paola. Pero ahora su celular timbraba al mío y eso me demostraba que, por alguna razón que hasta unas horas más tarde desconocería, Zenaida quería volver a hablar conmigo.
La conversación fue tan corta como puntual; ella necesitaba un consejo y, sabiendo que soy bueno dándolos -mas no siguiéndolos-, recurrió a mi. Me sugirió vernos y aproveché el tener la casa libre durante esos días, así que la cité enseguida y a las dos horas aperecía en mi puerta. Gordo, te veo más gordo, me dijo, con una frescura tan propia de ella y a la cual me había acostumbrado luego de muchos años de conocerla. Yo te veo más rica, le respondí casi instantáneamente, esperando recibir una sonrisa como señal de complicidad; una sonrisa que vino acompañada de un ligero empujón que le abría las puertas de mi casa, de mi cuarto y de la noche.
Hoy me llamó por temas que poco o nada tienen que ver con esa amistad que hemos vuelto a sembrar desde hace un par de años y, antes de colgar, me dijo que quería pedirme un consejo, como en los viejos tiempos. En fin, hoy me hizo acordar y, honestamente, no presté tanta atención, porque la verdad es que alguna vez estuve enamorado de Zenaida, pero ya no siento nada.
Fue un martes, recuerdo, que su número apareció en mi movil luego de mucho tiempo. Debo admitir que dudé en contestar ya que, desafortunadamente, Zenaida y yo habíamos tenido un problema varios meses antes y las cosas no habían terminado bien entre nosotros. Estando ebrios, traté de hacer que ella y Paola, una amiga en común, se besaran más de una vez (y es que el alcohol hace maravillas); para mi mala suerte, ambas pensaban que su pobre demostración previa había sido más que suficiente. De cualquier modo, no habíamos vuelto a hablar desde ese día, ni con ella ni con Paola. Pero ahora su celular timbraba al mío y eso me demostraba que, por alguna razón que hasta unas horas más tarde desconocería, Zenaida quería volver a hablar conmigo.
La conversación fue tan corta como puntual; ella necesitaba un consejo y, sabiendo que soy bueno dándolos -mas no siguiéndolos-, recurrió a mi. Me sugirió vernos y aproveché el tener la casa libre durante esos días, así que la cité enseguida y a las dos horas aperecía en mi puerta. Gordo, te veo más gordo, me dijo, con una frescura tan propia de ella y a la cual me había acostumbrado luego de muchos años de conocerla. Yo te veo más rica, le respondí casi instantáneamente, esperando recibir una sonrisa como señal de complicidad; una sonrisa que vino acompañada de un ligero empujón que le abría las puertas de mi casa, de mi cuarto y de la noche.
Hoy me llamó por temas que poco o nada tienen que ver con esa amistad que hemos vuelto a sembrar desde hace un par de años y, antes de colgar, me dijo que quería pedirme un consejo, como en los viejos tiempos. En fin, hoy me hizo acordar y, honestamente, no presté tanta atención, porque la verdad es que alguna vez estuve enamorado de Zenaida, pero ya no siento nada.
1 comentario:
dice q no comente, pero no te hago caso y digo que yo siempre me enamoro con facilidad, facil ganarás esa apuesta en la q bet es la testigo, pero creo q desde hoy cada vez q me enamore la cantare!
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