Estoy super perdido, le dije. No entiendo por qué haz hecho todo esto, por qué hacer que venga a este pueblo de mierda ¿sabes lo que me costó llegar hasta acá? ¿por qué querías verme acá? ¿y por qué me mandaste todos esos correos y mensajes? -¿Puedes callarte y escucharme?- me interrumpió mucho más calmada que yo. Créeme, siguió, que si te he hecho venir hasta acá es porque tengo una razón para haberlo hecho. Como te dije en esos mensajes, hoy vas a aclarar muchas dudas y vas a entender mejor lo que pasó y por qué pasó. Vamos, te invito un mate en el hotel. ¿Por qué tiene una bandera americana? le dije, entre confundido y entusiasmado. Ya lo entenderás cuando pasemos, contestó. ¿Vamos?
Al entrar a ese viejo y mal diseñado edificio, un hombre alto, gordo y con barba nos recibió. Pasen por favor, nos dijo con un español que delataba su nacionalidad. Ahora entiendo esa bandera de mierda en el techo, pensé. Nos dirigimos a una sala al costado derecho de la recepción que contaba con un par de mesas que, aunque paupérrimas, atractivas. Y bueno, le pregunté, ¿me vas a decir de qué se trata todo esto?. Si, me dijo, pero primero te tomas el mate para que no te choque la altura, subimos a mi cuarto, te bañas, y hablaremos cuando estés más calmado. ¿Tienes un cuarto en este hotel? ¿vives acá o qué? ¿por eso es que no escucho de tí en Lima? - ¿lo ves?, todavía estás exaltado, como te digo, todo a su tiempo, tómate esa taza. El hombre alto, gordo y con barba ponía una taza de infusión en mi lado de la mesa.
Coño, pensé, espero que todo esto valga la pena. No puedo negar que en el fondo estaba emocionado por volverla a ver, dentro de todo fue una grata sorpresa. Sin darme cuenta ya estaba en su cuarto, en el segundo piso de aquel miserable hotel en medio de un pueblo de mierda "camino a Canta". De pronto sentí una enorme sensación de relajo en todo mi cuerpo que, de alguna manera, me llevó a desvestirme antes de entrar a la ducha, importándome nada que ella estuviera ahí mirándome, al pie de la cama. ¡Pappo! ¿mucho frío por la altura?. ¡Mierda!, dije en voz alta, mientras cerraba la puerta del baño, esta vez un poco avergonzado por la mala pasada del clima. El bienestar de ese duchazo con agua muy caliente me sacó una sonrisa. Salí del baño y me quité la toalla estrepitosamente para ponerme la misma ropa, aunque en realidad lo hice con cierta complicidad de mi yo interior para reivindicarnos frente a ella. Esta vez no me dijo nada; de hecho, volteó la mirada pretendiendo hechar un vistazo a un estúpido cuadro en el que aparecían varios perros jugando billar.
Al entrar a ese viejo y mal diseñado edificio, un hombre alto, gordo y con barba nos recibió. Pasen por favor, nos dijo con un español que delataba su nacionalidad. Ahora entiendo esa bandera de mierda en el techo, pensé. Nos dirigimos a una sala al costado derecho de la recepción que contaba con un par de mesas que, aunque paupérrimas, atractivas. Y bueno, le pregunté, ¿me vas a decir de qué se trata todo esto?. Si, me dijo, pero primero te tomas el mate para que no te choque la altura, subimos a mi cuarto, te bañas, y hablaremos cuando estés más calmado. ¿Tienes un cuarto en este hotel? ¿vives acá o qué? ¿por eso es que no escucho de tí en Lima? - ¿lo ves?, todavía estás exaltado, como te digo, todo a su tiempo, tómate esa taza. El hombre alto, gordo y con barba ponía una taza de infusión en mi lado de la mesa.
Coño, pensé, espero que todo esto valga la pena. No puedo negar que en el fondo estaba emocionado por volverla a ver, dentro de todo fue una grata sorpresa. Sin darme cuenta ya estaba en su cuarto, en el segundo piso de aquel miserable hotel en medio de un pueblo de mierda "camino a Canta". De pronto sentí una enorme sensación de relajo en todo mi cuerpo que, de alguna manera, me llevó a desvestirme antes de entrar a la ducha, importándome nada que ella estuviera ahí mirándome, al pie de la cama. ¡Pappo! ¿mucho frío por la altura?. ¡Mierda!, dije en voz alta, mientras cerraba la puerta del baño, esta vez un poco avergonzado por la mala pasada del clima. El bienestar de ese duchazo con agua muy caliente me sacó una sonrisa. Salí del baño y me quité la toalla estrepitosamente para ponerme la misma ropa, aunque en realidad lo hice con cierta complicidad de mi yo interior para reivindicarnos frente a ella. Esta vez no me dijo nada; de hecho, volteó la mirada pretendiendo hechar un vistazo a un estúpido cuadro en el que aparecían varios perros jugando billar.
2 comentarios:
El mate de coca ayudará ;)
hmm
Publicar un comentario