Julio, Renzo "Zoren", Jaime, Roger y yo fuimos, alguna vez, una banda de rock (que en realidad era de punk con influencias comerciales) llamada "Sueños de Azotea". Por aquellos días yo estaba en medio de mi mejor época como percusionista y algunos músicos discutían sobre mi interesante habilidad para coordinar el pedal del charleston (tuve un gran aunque flojo maestro a la batería). De cualquier modo, Sueños de Azotea se formó como un pasatiempo y terminó siendo un proyecto personal, prometedor (solo para nosotros) y ambicioso. Sin embargo, no llegó tan lejos ni duró tanto tiempo.
Lo que mejor recuerdo de ese entonces son los ensayos. "¡Para para!" grité muchas veces porque algo iba saliendo mal en medio de una canción. Luego preguntaba ¿de quién es la culpa? y la respuesta, por lejos de la verdad que se encontrase, siempre era la misma: "La culpa la tiene Jaime", decían todos a coro. Y es que Jaime (no el conocido James Ruchman, sino el asesino) es un personaje al que alguna vez le dedicaré unas líneas en mi blog.
Recuerdo, también, un concierto en un local que manejaba un rubro desconocido para mi. No me llevaron con engaños porque todos nos enteramos que tocamos en una discoteca para gays recién luego del recital. Y así, esa historia quedó junto a "la tocada" en el condominio de Jaime, las corridas de los pirañitas en el centro de Lima cuando ibamos a grabar donde "Pedro Psicósis", y la visita a la casa del pueblo aprista solo para comer por un sol porque nadie ltenía dinero y estábamos en las inmediaciones (esa charla; qué ignorancia -¡Stú! no presiones: nada de política por favor-).
En fin, Sueños de Azotea, luego de sonar por primera y única vez en un bonito festival cervecero en Cusco, terminó para mi cuando salí del País y, a pesar de las invitaciones posteriores a mi regreso y un supuesto-eventual-concierto-encuentro, Pappo Banton no volvió a tocar melodías junto a esos mercedarios. Ahora el grupo se llama "Azotea" y el único integrante de la primera generación es aquel que siempre tenía la culpa de un mal ensayo.
Lo que mejor recuerdo de ese entonces son los ensayos. "¡Para para!" grité muchas veces porque algo iba saliendo mal en medio de una canción. Luego preguntaba ¿de quién es la culpa? y la respuesta, por lejos de la verdad que se encontrase, siempre era la misma: "La culpa la tiene Jaime", decían todos a coro. Y es que Jaime (no el conocido James Ruchman, sino el asesino) es un personaje al que alguna vez le dedicaré unas líneas en mi blog.
Recuerdo, también, un concierto en un local que manejaba un rubro desconocido para mi. No me llevaron con engaños porque todos nos enteramos que tocamos en una discoteca para gays recién luego del recital. Y así, esa historia quedó junto a "la tocada" en el condominio de Jaime, las corridas de los pirañitas en el centro de Lima cuando ibamos a grabar donde "Pedro Psicósis", y la visita a la casa del pueblo aprista solo para comer por un sol porque nadie ltenía dinero y estábamos en las inmediaciones (esa charla; qué ignorancia -¡Stú! no presiones: nada de política por favor-).
En fin, Sueños de Azotea, luego de sonar por primera y única vez en un bonito festival cervecero en Cusco, terminó para mi cuando salí del País y, a pesar de las invitaciones posteriores a mi regreso y un supuesto-eventual-concierto-encuentro, Pappo Banton no volvió a tocar melodías junto a esos mercedarios. Ahora el grupo se llama "Azotea" y el único integrante de la primera generación es aquel que siempre tenía la culpa de un mal ensayo.
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