lunes, 24 de diciembre de 2007

Num Lock en tu cara

Era 1996. Mi familia tiene la costumbre de visitar a las dos abuelas el día de navidad, luego de la noche comunmente llamada buena. Ese año, sin embargo, las cosas se hicieron a la inversa. El veinticuatro, durante el día, fuimos a la casa de las abuelas, para no salir de visita al día siguiente. Unos tíos, junto a sus hijos, pasarían esa navidad con nosotros, así que decidimos volver a casa en dos carros.

Uno de los autos llegó a la hora estimada; aquél en el que estábamos mis padres, mi primo y yo. No obstante, el otro coche empezaba a darnos motivos de preocupación al pasar más de dos horas sin podernos comunicar y, por supuesto, sin que lleguen a mi casa. En ese volkswagen escarabajo del setenta y cuatro, viajaban mis tíos, mi prima y mi hermana.

Nadie en el vehículo desaparecido cargaba un celular y se nos era imposible saber su paradero y estado. Las cosas ya habían dejado de parecer graciosas varios minutos antes, mientras que la preocupación iba, ahora, en aumento. Ha de ser el tráfico, decía yo, tratando de convencerme que el carro estaba bien y sus ocupantes también. Claro, habíamos cruzado toda la ciudad desde la casa de una de las abuelas, y el tramo era super largo y lento. Pero si nosotros lo habíamos hecho ya, ¿qué los haría tardar tanto?.

En la mente, el nombre de Vanessa Robiano me daba vueltas. Sabía que se trataba de una chica bonita (no una chica guapa, que aquellas son las avivadas -en el buen sentido, claro está-), pero no recordaba en dónde la había visto, así que empecé a hacer un ejercicio mental para desviar mi atención y preocupación por los desaparecidos.

¿Llamamos a la policía? preguntó mi mamá. No, ya ahorita llegan, seguro, respondió mi padre.

Por ese entonces la navidad era muy importante para mí. Esperaba ancioso las doce y no por los regalos (no enteramente). Las horas corrían muy lentamente durante esos jóvenes veinticuatros y, por supuesto, era el día al año en el que mi padre cocinaba varios de sus exquisitos manjares. Para eso si había que esperar, aunque no tanto para su famoso arroz con leche peruano.

Y bueno, al final llegó el otro coche y esa fue una navidad de las veinti tantas que he pasado hasta hoy.

2 comentarios:

Unknown dijo...

un abrazo gigante para ti y tus papis. te quiero mucho. y veintitantas mas!

Ale dijo...

Merry Christmas Pappo, espero que el año 2008 sea un buen año para ti :) te deseo lo mejor y que el reencuentro estadistico suceda de una vez.