lunes, 17 de diciembre de 2007

Ole y Olé (parte 2)

De los días en la escuela primaria, el profesor del que más me acuerdo es el profesor Masias. Ese hombre tenía una metodología de enseñanza bastante atractiva para un niño de entre seis y ocho años. Sus historias, su forma de ejemplificar cosas, de hacer analogías, su entrega. Se daba tiempo para involucrarse en la vida de sus alumnos, captar detalles de cada uno que hoy en día, para mí, que soy (entre otras cosas) profesor, se me hace sumamente difícil.

El profesor Masias, según yo, podía ver el futuro. Con solo verte a los ojos te decía qué ibas a ser "de grande". Recuerdo que una vez utilizó sus supuestos poderes conmigo. Me dijo que cuando él esté viejito tocaría mi puerta y abriría yo, un hombre alto y gordo, con mucha barba, hecho un doctor, muy bien plantado (recuerdo ese gesto con la mano -en posición opuesta al de homosexual- para expresar que algo estaba bien).

Me gustaba la forma en la que el profesor Masías hablaba; una especie de pronunciación mexicana con la erre ("para comersh" sin caer en el exagerado dejo de aquellos que vinieron de tierras altas y aprendieron el español en Lima). Me gustaba la forma en la que el profesor Mesías hacía su clase. Me gustaba ser un niño y no tener que preocuparme por cosas que hoy me preocupan, ni sufrir por cosas por las que hoy sufro.

De cualquier modo y, como dijo mi padre, la educación es la profesión más gratificante que puede existir (cuando te gusta, claro está); no obstante, la menos remunerada y apreciada.

P.s: Soy publicista y chato. El profesor Masías no era tan capo viendo el futuro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pero eres gordo... asi que en algo le atinó. jajaja.

Vitto dijo...

Aunque cualquiera te hubiera dicho que serias gordo..

Kari Moscol dijo...

era masias mesias?
facil tiene algo de sentido lo de doctor.. solo dale la vuelta