lunes, 23 de julio de 2007

Yo corazón sanguchón


Una vez, en Piura, caminaba con mi primo y un amigo por una calle en los alrededores de lo que se conoce como la villa FAP, en el distrito de Castilla. Era de noche y, honestamente, la iluminación no era muy buena que digamos. El caso es que ibamos por la vereda y, al cabo de unos segundos, nos dimos cuenta que a unos metros más adelante se encontraba un grupo de chicas conversando, bloqueando el camino.

Ellas habrán sido unas seis o siete, contemporáneas y paradas en círculo; honestamente, no lo recuerdo tan bien. Al ver que mi primo y su amigo giraban hacia la pista para evitar el grupo fémino les dije: "maricones", y seguí caminando dispuesto a romper esa sólida muralla. Sin embargo, mientras más me acercaba, me sentía más indefenso, solo, pequeño. De pronto, me di cuenta que no estaba listo para cumplir con el objetivo de derribar esa pared y decidí abortar la misión en el último segundo, quebrando solo un metro antes en dirección a la pista (creo que esta es repetida). El caso es que las chicas ya me habían visto con esa mirada desafiante a pasar entre ellas y, de algún modo, se sentían victoriosas al verme quebrar.

Hecho uno: En algunas calles de piura, entre la vereda y la pista, hay una especie de pequeña canaleta cuya función es la de llevar el agua de la lluvia hacia algún lado (alguno, pues; no sé a cuál).
Hecho dos: La calle por donde estabamos tenía esa canaleta
Hecho tres: Era de noche
Hecho cuatro: No la vi

Cuando me disponía a pasar de la vereda a la pista mi pie se atoró en la canaleta y desde ese momento hasta el final de mi caída todo ocurrió en slow motion. De alguna manera (¿cuál alguna? en realidad fue rodando) llegué a caer justo en el medio del círculo de chicas, en la vereda, con la mirada al cielo. Mientras me levantaba escuché las carcajadas de mi primo y su amigo, a unos metros, así como las chispas de risa contenida de las chicas paradas a mi alrededor, tan grandes, tan poderosas. Una vez de pie y sacudido, luego de que alguna me preguntó si estaba bien, no se me ocurrió decir otra cosa que: "¿Ya lo ven? Todo por estar mirándolas, chicas". Y así seguí caminando sin voltear atrás la mirada, mientras escuchaba, ahora si, las carcajadas de todas y cada una de las chicas.

Casi tan lamentable como ver el partido de Perú contra Bolivia en la última copa América.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Historia típida de un "trágame tierra" de revista adolescente.

QUE OSO!

Unknown dijo...

*típica

(Y es que errar es humano)