jueves, 18 de junio de 2009

Zero en matemática, zero azucar (al estilo de la Fania)

La tendencia por reducir el tamaño de las computadoras super personales (¿o de qué otro modo podría llamar a las notebooks?) ha llegado a pasar los límites de lo concebible para alguien que sepa usar el paquete Office a “nivel usuario”.

Está bien que la hayas conseguido a doscientos cincuenta dólares, viejo, pero exageraste un poco en tus -a veces- bizarros gustos. Quiero decir, el tamaño SI importa en estas materias y tener una computadora cuya pantalla no sea mayor a la de un reproductor de DVD portátil dificulta el trabajo de los ojos.

Si la paciencia le da, ella entrará al estudio a chatear, huzmear en foros o ver videos de Freddy Mercury cantando en ropa interior. Todo eso frente a una pantalla de veinticuatro pulgadas. Pero si ese día no se quiere mover de la cama tendrá que adaptarse a la ridiculez esta que hoy me prestaron. ¿Debería quejarme? Tal vez no, porque fui yo quien dejó su laptop en otro lado y no tenía cómo mandar correos y poder fumar un par de cigarrillos a la vez en este café del óvalo cerca a casa.

¿Tú que opinas? Le pregunto a la amable muchacha que me trae el demorado chocolate caliente. Pero seguramente es funcional, me responde. ¿Ves, acaso, mi total comodidad al sacar la joroba y achinar más los ojos para poder escribir esta línea mientras te hablo? Qué ridículo se me ha de ver, gordito y jorobado. Creo que la asusté; se va con una sonrisa forzada, pero ella es lo de menos y los mails que envío son lo de-más.

¿Y ahora qué? ¿No que esta cosa aguantaba cuatro horas sin cargador? ¿Por qué me salta un aviso de advertencia? ¿Se va a apagar? Apágate pues. Después de todo, me llevo el chocolate. (Take that, “new technology”).

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