La tendencia por reducir el tamaño de las computadoras super personales (¿o de qué otro modo podría llamar a las notebooks?) ha llegado a pasar los límites de lo concebible para alguien que sepa usar el paquete Office a “nivel usuario”.
Está bien que la hayas conseguido a doscientos cincuenta dólares, viejo, pero exageraste un poco en tus -a veces- bizarros gustos. Quiero decir, el tamaño SI importa en estas materias y tener una computadora cuya pantalla no sea mayor a la de un reproductor de DVD portátil dificulta el trabajo de los ojos.
Si la paciencia le da, ella entrará al estudio a chatear, huzmear en foros o ver videos de Freddy Mercury cantando en ropa interior. Todo eso frente a una pantalla de veinticuatro pulgadas. Pero si ese día no se quiere mover de la cama tendrá que adaptarse a la ridiculez esta que hoy me prestaron. ¿Debería quejarme? Tal vez no, porque fui yo quien dejó su laptop en otro lado y no tenía cómo mandar correos y poder fumar un par de cigarrillos a la vez en este café del óvalo cerca a casa.
¿Tú que opinas? Le pregunto a la amable muchacha que me trae el demorado chocolate caliente. Pero seguramente es funcional, me responde. ¿Ves, acaso, mi total comodidad al sacar la joroba y achinar más los ojos para poder escribir esta línea mientras te hablo? Qué ridículo se me ha de ver, gordito y jorobado. Creo que la asusté; se va con una sonrisa forzada, pero ella es lo de menos y los mails que envío son lo de-más.
¿Y ahora qué? ¿No que esta cosa aguantaba cuatro horas sin cargador? ¿Por qué me salta un aviso de advertencia? ¿Se va a apagar? Apágate pues. Después de todo, me llevo el chocolate. (Take that, “new technology”).
Está bien que la hayas conseguido a doscientos cincuenta dólares, viejo, pero exageraste un poco en tus -a veces- bizarros gustos. Quiero decir, el tamaño SI importa en estas materias y tener una computadora cuya pantalla no sea mayor a la de un reproductor de DVD portátil dificulta el trabajo de los ojos.
Si la paciencia le da, ella entrará al estudio a chatear, huzmear en foros o ver videos de Freddy Mercury cantando en ropa interior. Todo eso frente a una pantalla de veinticuatro pulgadas. Pero si ese día no se quiere mover de la cama tendrá que adaptarse a la ridiculez esta que hoy me prestaron. ¿Debería quejarme? Tal vez no, porque fui yo quien dejó su laptop en otro lado y no tenía cómo mandar correos y poder fumar un par de cigarrillos a la vez en este café del óvalo cerca a casa.
¿Tú que opinas? Le pregunto a la amable muchacha que me trae el demorado chocolate caliente. Pero seguramente es funcional, me responde. ¿Ves, acaso, mi total comodidad al sacar la joroba y achinar más los ojos para poder escribir esta línea mientras te hablo? Qué ridículo se me ha de ver, gordito y jorobado. Creo que la asusté; se va con una sonrisa forzada, pero ella es lo de menos y los mails que envío son lo de-más.
¿Y ahora qué? ¿No que esta cosa aguantaba cuatro horas sin cargador? ¿Por qué me salta un aviso de advertencia? ¿Se va a apagar? Apágate pues. Después de todo, me llevo el chocolate. (Take that, “new technology”).
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