sábado, 13 de junio de 2009

Con Ibáñez en el arco

Lo que me gusta del video juego ese de fútbol es el universo paralelo al que viajo y en donde, contra toda paradoja de la realidad, Perú puede ganarle a equipos como Chile, Colombia, Italia y hasta Alemania.

Yo la vivo; yo grito los goles, insulto las metidas de pata, aplaudo las jugadas admirables y hasta me quiero meter en la pelea cuando las tensión sube en la cancha. Yo soy Pizarro, Solano, Farfán y hasta Ibáñez. Yo los controlo y cuando uno de mis chicos toma el balón siento cómo yo mismo estoy en la jugada. Ganarle a Chile por un tanto o por goleada es lo de menos; yo celebro con los jugadores y me lanzo al pasto de pechito, mando besos a las tribunas y le lustro el chimpún al goleador.

Jugar al “winin” tiene lo suyo. Si gano me relajo, me alegro y me desestreso por un rato. Me olvido de los problemas, las deudas, las preocupaciones y las tareas, y vivo sonriendo por varios minutos. Es en serio, me cambia el humor, pero así también lo hace el otro lado de la gracia. Del mismo modo en el que me pongo contento al ganar, cuando mi equipo pierde me pongo chúcaro. Reniego, grito, no quiero hablar con nadie, me fumo un cigarrillo en tres o cuatro pitadas y me enferma la impotencia y la frustración de no haber vencido al oponente. Les recuerdo a todos esos jugadores que no le han ganado a nadie y que sus madres formarán parte de mis habladurías por varios minutos.

Pero es así, pues, que uno experimenta la realidad virtual a la que se atreve a pasar. Soy totalmente fiel a jugar con la blanquiroja y, como es el fútbol en la vida real, a veces no se gana (decir perder hasta me molesta).

Por supuesto, nada como jugar de a dos. Pero jugar con un real novato también aburre, y jugar con un lobo mortifica. Por eso es mejor jugar con gente que esté en un nivel parecido y, de ese modo, hacer de la contienda algo ameno, emocionante y, en los buenos casos, gratificante. Y si ganas, tómate una cerveza bien helada. Tus muchachos y tú se lo merecen.

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