Los Quipus sonaban en la radio con el tema "Nada Soy". Mi madre y sus hermanas, algunas con esposo y otras aún solteras, encajaban mágicamente en esa mesa que también albergaba a mi abuela, mi tío y alguna visita más en ese, uno de los tantos domingos amenos que pasaba en la casa de mi abuela cuando era niño. Por aquél entonces eramos solo cinco los nietos, y la preocupación máxima de dos de ellos era molestar al abuelo que, por costumbre, yacía pasivo, sentado en un viejísimo sillón a un lado de esa sala donde también se sentaba el hermano de mi abuela.
Las risas eran costumbre en esas reuniones junto a los chismes, las anécdotas y la felicidad que implicaba el juntar a la familia de mi madre en esa casa. Con una quincena de personas, el almuerzo debía ser maravillosamente racionado por mi abuela y sus débiles porciones de comida para todos los presentes menos para los hombres de familia, quienes recibían las verdaderas presas en platos exageradamente más grandes que los demás . Qué puedo decir; era un ambiente bastante machista, pero nunca dejó de ser acogedor.
Hoy en día esas reuniones son cada vez más esporádicas; las anécdotas siguen siendo contadas aunque muchas veces son solo historias repetidas, los chismes nunca pasarán de moda y la felicidad ya no es la misma de antes. Ese grupo de personas de mi niñez es el mismo solo en mis pensamientos y, aunque la comida sigue siendo servida de la misma manera y aún hay risas en la mesa, poco a poco van siendo menos u otros quienes se reunen en esa mesa a pasar un domingo ameno en un lugar acogedor.
Las risas eran costumbre en esas reuniones junto a los chismes, las anécdotas y la felicidad que implicaba el juntar a la familia de mi madre en esa casa. Con una quincena de personas, el almuerzo debía ser maravillosamente racionado por mi abuela y sus débiles porciones de comida para todos los presentes menos para los hombres de familia, quienes recibían las verdaderas presas en platos exageradamente más grandes que los demás . Qué puedo decir; era un ambiente bastante machista, pero nunca dejó de ser acogedor.
Hoy en día esas reuniones son cada vez más esporádicas; las anécdotas siguen siendo contadas aunque muchas veces son solo historias repetidas, los chismes nunca pasarán de moda y la felicidad ya no es la misma de antes. Ese grupo de personas de mi niñez es el mismo solo en mis pensamientos y, aunque la comida sigue siendo servida de la misma manera y aún hay risas en la mesa, poco a poco van siendo menos u otros quienes se reunen en esa mesa a pasar un domingo ameno en un lugar acogedor.
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