martes, 27 de enero de 2009

La verdad sobre el telescopio en mi azotea

Los niños no son tan inocentes, en realidad. En algunas ocasiones resultan ser los más crueles y despiadados autores de bromas que, por su peso, podrían llamarse obesas, no pesadas. Mi propia experiencia me cuenta que a los once años, un grupo de amigos y yo decidimos hacerle una broma a Kike, un niño que vivía enamorado de una vecina.

El plan era simple; hacer creer al "chino" Kike que Carmen, la vecina que tenía su corazón bajo custodia, estaba tan enamorada de él como él de ella. Los resultados serían bochornosamente hilarantes, así que utilizando la tecnología a nuestro alcance (una grabadora de voz), modificamos algunas respuestas que grabamos de Carmencita, de tal modo que en una falsa y supuestamente improvizada entrevista, ella habría confesado sus sentimientos hacia él.

Kike tenía la mala suerte de haber nacido feo, o eso decían todos, por lo que la broma parecía aún más atractiva de ser hecha, ya que carmencita era lo que en ese entonces denominábamos como "buenaza". Con la entrevista terminada, corrimos hacia la casa de Kike en medio de risas y, al llegar, nos llenamos de seriedad mientras le hicimos escuchar lo que el "chino" solo podría haber soñado. Su cara de ilusión y felicidad al final de la entrevista era tal que dudé sobre seguir con tan perversa jugada. Pero no me podía hechar para atrás por la presión social (qué vulnerables que terminamos siendo algunos cuando niños).

Ahora todo encaja, decía el chino sin dejar de sonreir. Todas esas veces que me miraba, eran porque le gustaba; mi rompecabezas está terminado, chicos. Diablos; yo tenía conciencia y esta me pesaba más que nunca. "Carmencita sugirió que, si te gustaba lo que acabas de escuchar, te espera mañana al medio día en su casa para conversar bien el tema", le dijo Renato, el más cruel del grupo.

Creo que nadie pudo dormir bien esa noche al pensar en los nefastos y ridículos resultados que ese encuentro provocaría, reiríamos de la desgracia de otro y yo seguía sintiendo mucha culpa, aunque no puedo negar que también estaba ansioso de ver lo que iba a ocurrir. Habíamos preparado hasta el último detalle; una cámara de ocho milímitros de las antiguas para filmarlo todo, un escondite perfecto para cometer la fechoría sin que el chino o Carmencita se percataran de nuestra presencia en la escena, y una excusa perfecta para que ella esté en su casa y reciba al chino kike en su puerta

Al día siguiente, diez minutos antes de la hora, decidí dejar a los demás en el escondite con alguna excusa sobre tarea, o qué se yo. Camino a casa me crucé con Kike, pero pude oler la enorme carga de colonia que llevaba puesta unos metros antes. Peinado con gel, su mejor camisa y unos vaqueros, se disponía a darle el encuentro al amor de su vida. Con una sonrisa casi inmutable, me saludó y siguió con su camino. Yo sentí que no podía ser, más, parte de algo tan cruel. No pensaba en repercusiones pero si en lo mal que le iba a ir a Kike. Me sentía peor porque la grabadora de audio que había hecho posible todo eso era mía. ¡Esos chibolos de entonces!

2 comentarios:

Unknown dijo...

hola guapo. feliz cumpleaños y feliz año atrasado. love ya!

Anónimo dijo...

pero al final que paso???... fuiste buenito y desviaste a Kike???...pobechito pobechito!