martes, 27 de enero de 2009

El Pappo y sus mujeres (solicitado)

El amigo "contra" es casi inseparable de cada uno de nosotros. Vive para ponernos de mal humor y parece que lo disfruta. Su función específica es muy simple: hacer lo que no quieres que haga.

Por ejemplo, hoy tuve que bajar al sótano para tomar unas cosas del coche. Despeinado, sin zapatos, con un short pijama y un polo tan viejo como sucio, pensé que el viaje en el ascensor podría ser rápido -como de costumbre- y que, como el noventa por ciento de las veces en las que me subo a ese elevador, no me iba a topar con nadie. Cómo no pensé en mi contra; cada uno de los tres pisos fueron motivo de parada entre la gente que subía y bajaba de ese diminuto espacio. Aparentemente, yo era el tema de susurro entre viajeros que poco hacían para evitar que los escuchara mientras sentía que solo podía sonreir porque no conozco muy bien a la vergüenza. Nunca se junta tanta gente en el elevador ¡nadie lo usa por las mañanas! pero justo el día en el que prefiero no ver a ninguno de mis vecinos (que no sé ni cuántos son), medio edificio decide dar una vueltecita por el ascensor. Su paseito del día.

El contra funciona así, espera a lo que no quieres que pase para que pase. Porque el día que te pusiste los calcetines con hueco, justo ese día, al dueño de la reunión a la que asististe se le ocurrió que no había mejor manera de continuar la noche que jugando al Twister. Porque nunca tomas licor cuando manejas, y solo el día en el que tomaste un par de copitas te para un policía. Porque jamás entraste a ese bar nudista, y el día que te dio curiosidad tus suegros te ven en la puerta (claro que peor que el contra es la mala suerte en todo su esplendor, por la que en vez de ser descubierto por los suegros habrías estado dentro del lugar cuando un equipo de televisión junto a la policía lo allanaran por ser, además, un prostíbulo clandestino).

En mi caso, el contra me ataca en circunstancias menores. Como cuando espero recibir una llamada algo importante y tengo el teléfono conmigo a todo momento sin que suene un pito. Pero basta con ausentarme del móvil diez minutos y volver para notar que tengo unas cuatro llamadas perdidas. Espero a que un programa de televisión empiece porque no me quiero perder el inicio de ninguna manera y, cuando pienso que aún demorará y es prudente ir al baño por unos segundos, ¡flash! empieza el show.

El contra, sin embargo, puede ser utilizado a tu favor, o eso es lo que dicen (¿quién dicen? yo dicen). La cuestón es reflexionar sobre cómo tendríamos que hacer. Así que me tomaré unos minutos para pensar en eso.

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