Algo andaba mal, y eso se notaba en la velocidad a la que corría mi antiguo y queridísimo Cielo. Había salido de una fiesta de mi facultad minutos antes esa noche y, por alguna razón que hoy no recuerdo más, estaba haciendo correr ese motor tan confiable para mi. Yo solo acelero cuando algo fuera de lo normal está tomando lugar; molestias, emergencias, sensación de ser perseguido, ganas de ir al baño, ganas de llegar a la cama y demás; pero seguramente aquella noche era otra la razón por la cual pisaba el acelerador casi a fondo (y es que si me acuerdo, aunque pretenda lo contrario). De pronto vi, a lo lejos, un patrullero. Su silueta se hacía, rápidamente, más grande y en instantes pude dudar en sobre parar, aunque finalmente tomé la desición de seguir de largo. Después de todo, no creo que se tome la molestia, creí.
Tan pronto pasé por su lado, encendió sus luces y salió a mi persecución. Ya era un criminal; qué cantidad de adrenalina empezó a correr por mi cuerpo. Sabía que detenerme significaba pagar una multa o, incluso, pasar por alguna detención. Pensé, también, en las consecuencias de chocar a esa velocidad. Confiaba en las prestaciones de mi auto, pero no en las mías en una situación como esa. Al diablo, pensé, y seguí acelerando. Sabía que el patrullero seguía detrás de mí porque veía sus -aún pequeñas- luces rojas y verdes por el espejo y, además, escuchaba ese pitido irritante a lo lejos.
Recuerdo haber pensado tantas cosas en tan poco tiempo hasta que noté que las luces de la sirena eran, ahora, mucho más grandes. Me estaban arañando las nalgas y debía perderlos como sea. Crucé la luz roja de uno de los pocos semáforos que funcionaban a esa hora, haciendo frenar a un tercero que, afortunadamente, no solo no me golpeó, sino que puso en dificultades al héroe policía que conducía el patrullero. Esforcé, entonces, la caja al máximo, y logré, de nuevo, hacer que esas luces se vean pequeñas por el retrovisor. Era hora de acabar con esa payasada.
En el poco raciocinio restante en mi (la adrenalina se había apoderado casi por completo), decidí apagar todas las luces del exterior del auto. Era una jugada de doble filo, en realidad, pero en mis alternativas estaban eso o ir a la carcel por todos los problemas que le estaba causando a esos valientísimos héroes de la patria. Sudando mucho y aún corriendo, me aventuré a hacer una maña que solo había logrado con la bicicleta cuando niño; "la cóndor". En una especie de drifting improvizado -realmente desastroso- ayudado por el freno de emergencia, la caja y los pedales, logré entrar en una calle con poca iluminación y, tras haber perdido el control, pude frenar totalmente unos metros más allá.
Asustado, volví a abrir los ojos (¿Abrir los ojos? ¿en qué momento los cerraste, imbécil?) y vi al patrullero pasar de largo por uno de mis espejos laterales. Mi estúpida aventura había terminado, aunque me llevaba la mejor de las victorias; había hecho gastar combustible a esos defensores de la justicia y jamás me atraparían. Fue la única vez en la que escapé de la policía, y ahora que sé que no pasó nada grave, no me arrepiento en lo absoluto de haberlo hecho. Claro que fue gracias al Cielo.
ps: Todos los adjetivos de la policía tienen un alto nivel de sarcasmo
Tan pronto pasé por su lado, encendió sus luces y salió a mi persecución. Ya era un criminal; qué cantidad de adrenalina empezó a correr por mi cuerpo. Sabía que detenerme significaba pagar una multa o, incluso, pasar por alguna detención. Pensé, también, en las consecuencias de chocar a esa velocidad. Confiaba en las prestaciones de mi auto, pero no en las mías en una situación como esa. Al diablo, pensé, y seguí acelerando. Sabía que el patrullero seguía detrás de mí porque veía sus -aún pequeñas- luces rojas y verdes por el espejo y, además, escuchaba ese pitido irritante a lo lejos.
Recuerdo haber pensado tantas cosas en tan poco tiempo hasta que noté que las luces de la sirena eran, ahora, mucho más grandes. Me estaban arañando las nalgas y debía perderlos como sea. Crucé la luz roja de uno de los pocos semáforos que funcionaban a esa hora, haciendo frenar a un tercero que, afortunadamente, no solo no me golpeó, sino que puso en dificultades al héroe policía que conducía el patrullero. Esforcé, entonces, la caja al máximo, y logré, de nuevo, hacer que esas luces se vean pequeñas por el retrovisor. Era hora de acabar con esa payasada.
En el poco raciocinio restante en mi (la adrenalina se había apoderado casi por completo), decidí apagar todas las luces del exterior del auto. Era una jugada de doble filo, en realidad, pero en mis alternativas estaban eso o ir a la carcel por todos los problemas que le estaba causando a esos valientísimos héroes de la patria. Sudando mucho y aún corriendo, me aventuré a hacer una maña que solo había logrado con la bicicleta cuando niño; "la cóndor". En una especie de drifting improvizado -realmente desastroso- ayudado por el freno de emergencia, la caja y los pedales, logré entrar en una calle con poca iluminación y, tras haber perdido el control, pude frenar totalmente unos metros más allá.
Asustado, volví a abrir los ojos (¿Abrir los ojos? ¿en qué momento los cerraste, imbécil?) y vi al patrullero pasar de largo por uno de mis espejos laterales. Mi estúpida aventura había terminado, aunque me llevaba la mejor de las victorias; había hecho gastar combustible a esos defensores de la justicia y jamás me atraparían. Fue la única vez en la que escapé de la policía, y ahora que sé que no pasó nada grave, no me arrepiento en lo absoluto de haberlo hecho. Claro que fue gracias al Cielo.
ps: Todos los adjetivos de la policía tienen un alto nivel de sarcasmo
10 comentarios:
burlar de esa manera a un efectivo de la ley... quien lo diria de ti...
Todos tenemos nuestros secretitos (efectivo? quiero decir, vamos!)
claro,"la única vez" que te escapaste de la policía, porque yo sé de una en la que definitivamente no lo hiciste,Jaaaaaaaaaaa
wrong time, wrong place. Eso fue todo.
a si? bueno cuéntala antes que yo lo haga
creo que no solo escapas de la ley... habla, tu que dices?
explícate
Pappo yo ayer tuve un sueño donde estabamos en un carro por la carretera, tu manejabas yo era la copiloto. A nuestro costado paso un auto en el que el conductor miraba hacia atrás mientras manejaba y poco después de pasarnos choco contra otro auto. Fue un choque aparatoso, malisimo.
Nosotros tranqui esquivamos el peligro y seguimos nuestro rumbo lamentando la mala leche del otro carro.
Es lo unico que me acuerdo de mi sueño (todo es 100% true) raro no??
te deberían contratar de policía para perseguir a los jóvenes fugitivos como tú!! jajaja
suerte
no se es tu melodia mas comentada, pero si es claro que esperabamos leerte
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