domingo, 28 de septiembre de 2008

El armamento de Arturo

Pero somos amigos, me respondió en un tono algo preocupante. Era la primera vez que la invitaba a salir, y la seriedad con la que lo hice la tomó por sorpresa. Bueno, aquí va la primera, le respondí, así que no tocaré el tema de nuevo hasta dentro de un tiempo, cuando te vuelva a invitar. La conversación terminó ahí y ninguno de los dos mencionó nada al respecto en las siguientes ocasiones en las que, por cuestiones del grupo de amigos en común, nos veíamos para almorzar, tomar unos tragos o simplemente pasar el rato en las reuniones que una de las chicas solía hacer con frecuencia en su casa.

Al cabo de un par de meses la encontré en las inmediaciones de una discoteca y, sin dudarlo y sin que me viera, me acerqué y la tomé por sorpresa; hola, le dije, he venido para invitarte a salir por segunda vez. Su cara quedó congelada mientras sus amigas se apartaban con risas disimuladas. Ella se preguntaba cómo diablos había sabido yo que estaría en ese lugar, ese día y a esa hora. Le agradecí a la coincidencia mientras pretendía haber usado la magia del amor para encontrarla con mis pensamientos. Eres un payaso y siempre serás un payaso, me dijo. Todavía no estoy segura de si sea una buena idea salir contigo más que como amigos. Personalmente, yo no esperaba un si absoluto, por lo que guardé la calma y le hice saber que a la tercera era la vencida. Ella me dijo, entonces, que probablemente la insistencia me iba a ayudar mucho esa siguiente y última vez que la invitase a salir, y que esperaría el día.

Cuando la volví a ver en una de esas reuniones, la noté más amigable o, mejor dicho, coqueta conmigo. Algo me dice que aquella noche estuvo esperando esa tercera vez, esa invitación a salir. Seguramente ya hasta se habría hecho la idea de cómo sería frecuentarnos en un plano más que amistoso. Pero esperó y lo hizo en vano, porque en esa ocasión ni siquiera hablamos mucho. De hecho, no toqué el tema ni algo que nos condujera a él en toda la noche y, para ser honesto, nunca más la invité a salir.

Hoy sé poco de ella; casi nada, realmente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo te hubiera dicho que SI a la primera. Cosita rica.... :D

Anónimo dijo...

mmmmmmmm... conozco esa historia viejo pappo. qué te hace pensar que te iba aceptar la tercera invitacion???? (en realidad si pero me llegaste mal)