sábado, 2 de febrero de 2008

Negro amanecer (cfr. Olaechea, 2034)


Un tal don Pedro llamó mi atención en una playa algo escondida y limpia a unos cuantos cientos de kilómetros de acá. Al parecer, ese señor es algo que yo llamo “un hombre de mundo”.

Don Pedro ha sido marinero, operador de plataforma petrolera, asistente de tripulación y hasta cocinero durante estos treinta años que lleva viajando por el mundo. Peruano de nacimiento, ha pasado y gozado de Países como Holanda, Bélgica, Egipto, Marruecos, la república independiente del Congo y otros veintitantos que no recuerdo ahora mismo; y otros tantos que ya no existen como países, o tal vez se unieron a otros, o se separaron en más países. Por supuesto, a sus seis décadas de edad, ya lleva unos cuatro años reestablecido en Perú, viviendo del mar casi todo el año.

Perspicaz y entrometido, Don Pedro aparecía en momentos menos anunciados con una frase a la que seguramente él percibe como célebre, pero que no era más que un pretexto para conversar con nosotros y compartir sus anécdotas. Su apodo fue “el Popeye peruano” por su apariencia física, y debo admitir que aparentaba ser unos diez años menor.

Sus charlas se prolongaron más de lo que a cualquier persona, menos a Pappo, le gusta tolerar. Hablamos sobre esto y lo otro, aunque más sobre lo otro. Sobre cigarrillos y mujeres, cruceros y países, familias y ocupaciones.

Don Pedro me recuerda a Don Julio, un pescador al que no conozco pero del que he oído hablar varias veces. De cualquier modo, ese señor es un Hombre de mundo.

A continuación, foto calendario febrero. (No, no me la tomó don Pedro).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sí, hombres de mundo, vaya que uno quisiera ser tan así de otra talla, monitoreando el mundo según la ficción en la propia cabeza, hombre de mundo, diablos me hace recordar cosas.

cOnhumOdEmEntE dijo...

Que mostro, me hizo a recordar a un señor mayor que encontré en un asilo.
Te dejo el link del post:
http://leighpatente.blogspot.com/2007/10/052ad03047-i.html