lunes, 5 de noviembre de 2007

Gonzales del Solar -sólo en caso-

Cuando tenía, seguramente, siete años y, mientras pasaba unos días con esa familia de Casa Grande a la que mucho tiempo más tarde iría a visitar para sus bodas de oro, me porté como un niño de mierda al hacer una supuesta travesura que terminó en una buena paliza que me hizo llorar toda la noche (qué larga tu oración, oye).

Claro, de niños, todos hacemos travesuras y, a pesar de no haber sido un daniel, he sido artífice de episodios aislados que involucraron acciones de muy mal gusto para todos a mi alrededor. Como cuando le tiré una piedra en la cabeza a mi tío desde el techo y traté de justificarlo diciéndole que en realidad quería tirársela en la espalda, o cuando incendié la habitación de otro tío con la finalidad de apagar el incendio jugando a los bomberos. En fin, recordar esas travesuras causa gracia hoy, porque en aquellos días solo causaba un dolor posterior como castigo (al menos a mi).

Volviendo a Casa Grande; una noche me encontraba en la puerta de un cuarto que daba hacia la cosina. En ella se encontraba Teresa (de Teresa y Augustín) cocinando algo que olía muy bien, recuerdo. Yo, sabiendo que Teresa sufría de hipertensión, que era una señora muy nerviosa, muy frágil y que, para colmo, era aracnofóbica, decidí hacer una verdadera estupidez. Saqué mi araña de hule con pelos del bolsillo -una pieza ficticia que llenaba mi lista de juguetes tontos de esos días- y la lancé sobre la cocina, cayendo justo sobre la tapa de una olla que Teresita estaba moviendo.

Su grito, sus nervios, su estado de ánimo enseguida a lo que hice, la presencia casi inmediata de todos a la escena y la posterior mirada retadora de mi padre son algo que, junto al llanto y a la sensación de culpa que tuve el resto de la noche, nunca olvidaré.

Hace un par de días; Teresa y Augustín estuvieron en Lima por tristes motivos, pero decidí hacer lo que nunca hice en casi veinte años; pedirle disculpas por esa broma de mierda. Ella las aceptó; esa fue la mejor parte.

1 comentario:

Kari Moscol dijo...

No presencie tus travesuras, pero alguien me las conto.