Tiempos de cole:
Suéltate cuatro. ¿cuatro?. Si. Ok, veamos.
....
Un día, cuando estaba en cuarto o quinto de secundaria, el profesor de física (no el de educación física) me preguntó algo como: “Sr. Bantón, si el Sr. Córdova le metiera un puñetazo de la nada ¿usted qué haría?”, a lo que yo respondí: “le metería un cabezazo en toda la frente”. –Muy bien-, me dijo -¿cómo, entonces, se llama ese principio?. El profesor “cafecito” espera, seguramente, una respuesta que incluyera las palabras “acción” y “reacción”. Sin embargo –debo admitir que no fue de forma ingenua- no se me ocurrió mejor cosa que responderle algo como: “Ese es el principio de una mecha, profe”. Pero mira a este pendenciero, cómo le falta el respeto al profesor de esa manera en la que todo el salón mofa.
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Cuando tenía unos doce años, me tendieron una trampa en la que quedaría a solas con Carla, una chica de mi clase. La misión era declararle mi amor y solicitar su aceptación para ser enamorados. Una vez ahí, le dije que me gustaba, que lo había hecho desde el primer día en el que la había visto, que era una chica perfecta para mí y alguna otra maricada más. Ella me dijo que mejor no; que mejor como amigos, y por alguna razón que no recuerdo le pedí que me diera tiempo: un par de meses, recuerdo que le dije. ¿cómo? ¿ella te hechó el tremendo NO en la cara y tú le pides tiempo? Obviamente, Carla no entendía nada. Me preguntaba “tiempo para qué”, y yo solo le repetía que me de un par de meses. Dos días después salimos de excursión y en el viaje de ida, en el bus, en mi cara, le dijo que si a Michael Velughm, el papi del salón. En el viaje de ida, en el bus, en mi cara, empezaron a besarse y yo solo miraba desde unos tres asientos más atrás, por ese espacio que sobra en el medio de los asientos.
...
En tercero de secundaria, o por ahí, recuerdo haber saltado clases y escondido en unos arbustos que daban cerca de los baños (tanto de hombres como de mujeres). En cuclillas, me desplazaba muy despacio hacia atrás mientras pasaba uno de esos a los que llamábamos “regente”. Normalmente habría argumentado tener pase libre mostrando mi credencial de la sinfónica, pero no lo traía conmigo. Grande fue mi sorpresa al toparme con Tatiana, una amiga de otro salón que, en dirección opuesta, hacía exactamente lo mismo que yo. Ella gritó y yo ¿por qué no admitirlo? También. A los dos nos descubrieron; a los dos nos castigaron.
...
En uno de los numerosos viajes de la sinfónica hacia algún concierto (era el único varoncito autorizado de viajar en el bus de las chicas por “ir cuidando la batería” que viajaba junto a ellas), llegué a cerrar los ojos de asustado –inocente, en realidad, aún joven- cuando varias de las minas empezaron a cambiarse el vestuario. Conclusiones: como yo iba atrás, al fondo en el bus, no sabían que estaba ahí. Seguro que si hubiera estado con alguien más no me habría acobardado al voyeurismo.
Tiempos de cole(ra)
Suéltate cuatro. ¿cuatro?. Si. Ok, veamos.
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Un día, cuando estaba en cuarto o quinto de secundaria, el profesor de física (no el de educación física) me preguntó algo como: “Sr. Bantón, si el Sr. Córdova le metiera un puñetazo de la nada ¿usted qué haría?”, a lo que yo respondí: “le metería un cabezazo en toda la frente”. –Muy bien-, me dijo -¿cómo, entonces, se llama ese principio?. El profesor “cafecito” espera, seguramente, una respuesta que incluyera las palabras “acción” y “reacción”. Sin embargo –debo admitir que no fue de forma ingenua- no se me ocurrió mejor cosa que responderle algo como: “Ese es el principio de una mecha, profe”. Pero mira a este pendenciero, cómo le falta el respeto al profesor de esa manera en la que todo el salón mofa.
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Cuando tenía unos doce años, me tendieron una trampa en la que quedaría a solas con Carla, una chica de mi clase. La misión era declararle mi amor y solicitar su aceptación para ser enamorados. Una vez ahí, le dije que me gustaba, que lo había hecho desde el primer día en el que la había visto, que era una chica perfecta para mí y alguna otra maricada más. Ella me dijo que mejor no; que mejor como amigos, y por alguna razón que no recuerdo le pedí que me diera tiempo: un par de meses, recuerdo que le dije. ¿cómo? ¿ella te hechó el tremendo NO en la cara y tú le pides tiempo? Obviamente, Carla no entendía nada. Me preguntaba “tiempo para qué”, y yo solo le repetía que me de un par de meses. Dos días después salimos de excursión y en el viaje de ida, en el bus, en mi cara, le dijo que si a Michael Velughm, el papi del salón. En el viaje de ida, en el bus, en mi cara, empezaron a besarse y yo solo miraba desde unos tres asientos más atrás, por ese espacio que sobra en el medio de los asientos.
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En tercero de secundaria, o por ahí, recuerdo haber saltado clases y escondido en unos arbustos que daban cerca de los baños (tanto de hombres como de mujeres). En cuclillas, me desplazaba muy despacio hacia atrás mientras pasaba uno de esos a los que llamábamos “regente”. Normalmente habría argumentado tener pase libre mostrando mi credencial de la sinfónica, pero no lo traía conmigo. Grande fue mi sorpresa al toparme con Tatiana, una amiga de otro salón que, en dirección opuesta, hacía exactamente lo mismo que yo. Ella gritó y yo ¿por qué no admitirlo? También. A los dos nos descubrieron; a los dos nos castigaron.
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En uno de los numerosos viajes de la sinfónica hacia algún concierto (era el único varoncito autorizado de viajar en el bus de las chicas por “ir cuidando la batería” que viajaba junto a ellas), llegué a cerrar los ojos de asustado –inocente, en realidad, aún joven- cuando varias de las minas empezaron a cambiarse el vestuario. Conclusiones: como yo iba atrás, al fondo en el bus, no sabían que estaba ahí. Seguro que si hubiera estado con alguien más no me habría acobardado al voyeurismo.
Tiempos de cole(ra)
4 comentarios:
son tiempos en lo que puedes hacer mil huevadas y despues reir de lo q hiciste!
son tiempos en q te veias unas 3 veces mas delgado que hoy :P
si vitto... y asi lo conocí...jajaja :D
(con voz de bebe sinclair): otra vez!
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