viernes, 23 de febrero de 2007

Las escapadas de Lucía

Si mal no recuerdo, fue hace como tres años cuando me inicié en una de las cosas que tanto me apasionan y que, por motivos de tiempo, dinero, y distancias (más por dinero, en realidad), no puedo practicar muy seguido: El Off Road.

Cuando la ponderosa aún no tenía ese nombre, papá me reenvió un correo de una escuela de manejo 4x4, tratando, a través de mi experiencia, de romper esa figura tan trillada de gente que tiene una camioneta 4x4 y la usa para moverse en la ciudad.

Obvio, ¿cuántas personas, sobre todo mujeres, andan al frente de un 4x4 y lo usan SOLO para ir al gimnacio, trabajo, la casa de la amiga, y un no tan largo etcétera? De cualquier modo, no entremos aquí a ese aspecto casi totalmente social que ha tomado fuerza en los últimos ocho o diez años, y que implica conducir un mini tractor solo por estatus y, en algunos casos, por seguridad. Entremos, mejor, al fascinante mundo del off road, a MI facsinante mundo del off road.

El hecho es que el correo en mención ofrecía un curso de manejo de camionetas 4x4 de un día y me animé a tomarlo, como quien quiere y no quiere la cosa. Después de todo, me preguntaba yo, "¿para qué coño es la segunda palanca de cambios y qué significan esas letras?". Pues bien; sin sospechar que me iba a enamorar de tan amena, extrema y -paradójicamente- relajante actividad; y que empezaría a enamorarme de mi propia camioneta (¿existe un término para ese tipo de amor?), me "aventuré" al dichoso curso, y mi camioneta y yo terminamos más sucios que la conciencia de una amiga, pero super felices (sí, soy de la idea de que mi carro también tiene sentimientos -y hacia mi-) por haber hecho cosas que no me habría imaginado poder hacer en esas cuatro ruedas, sobre todo tomando en cuenta su tamaño y motor.

Ese día empecé a aprender muchas cosas, como qué significaban las letritas en la palanca y cómo usar esas letritas; y a temer a algunas, como ese cerro asqueroso que tanto problema me trajo subir, y al cual le decían "el maldito". Luego de eso, me esforcé por aprender, entender (sobre todo entender) y hasta memorizar, términos "cuatreros" como reductora, bloqueo bizcoso, AWD, 4WD, torque, ángulo de ataque y, esta vez, con un larguísimo etcétera.

Seguí yendo a las salidas con esa escuela de manejo por un tiempo, hasta que un grupo de participantes frecuentes y yo, nos dimos cuenta de que no teníamos por qué gatar los sesenta dólares de cada salida (cien, ciento veinte y hasta ciento cincuenta dólares, en algunos casos, en los que las salidas duraban más de un día -las llamadas travesías-), cuando ya no éramos tan "cachorros" y podríamos salir por nuestra propia cuenta. Así, formamos una especie de escuela 4x4 clandestina, alimentada de clínica, sustos y experiencia.

Lamentablemente, luego de un tiempo y menos dinero (si ya sabes cuánto se gasta en gasolina, ahora ponte a pensar que haciendo off road se gasta casi el doble por tener "mayor tracción") no me quedó otra que dejar de salir con estos señores, claramente con un poder adquisitivo mucho mayor que el mío -aceptémoslo, hacer off road como se debe es para ricos, y eso no soy-.

Me quedaban memorias de lo gracioso que era ver a gente entre medios veintes hasta tardíos sesentas haciendo maniobras entre dunas, cerros y piedras; y es que experimentábamos, todos, esa sensación que se asemeja mucho a cuando uno tenía nueve o diez años y salía con sus amigos, todos en bicicletas. Recuerda cómo te sentías cuando hacías eso, y si no te acuerdas, ve al parque más cercano un sábado por la tarde y mira la emoción con que los pequeños salen en grupos en sus bicicletas, como si fueran una especie de escuadrón.

Pasé casi un año sin hacer una de las cosas que más me gusta hacer, hasta que por razones coincidenciales llegué a un foro de la ciudad donde vivo, en el que había toda una sección para amantes de 4x4. Era agradable compartir historias, consejos y hasta metidas de pata, pero fue más agradable cuando finalmente empezamos a juntarnos para salir con nuestras fieritas; otra vez soy el menor del grupo, otra vez lo disfrutamos mucho, tanto la ponderosa como yo.

quiero un cigarrillo.

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